crisis de los treinta

29+1

Se acabó la juventud, señora. Al menos la que resulta insultante, hormonal, desmedida… y envidiable. Nos vamos a los treinta, la década para sentar la cabeza. En los cuarenta lo que sientas es a tus hijos en el regazo, y a los sesenta, a los nietos. Esto va disparao. Aterroriza pensar que hemos gastado un tercio de nuestra previsible existencia, aunque si la auditamos, seguramente haya más cosas buenas que malas. De hecho, lo que nos resta de vida va a depender mucho de lo que hayamos hecho en ese primer periodo. Así hayamos estudiado, trabajado, embarazado e hipotecado nos irá de ahora en adelante.

Treinta. Y yo me sigo viendo estupendo, se lo aseguro. La tripa la traía de antes, así que esa no cuenta. Y de arrugas, ni hablamos. Piel tersa como el culito de un niño. Las dioptrías tampoco son cosa de la edad. Y el vicio operístico tampoco. Sí lo es el hastío por la noche, que cada vez me aburre más y más. Triste, muy triste. Triste, que no Trieste, donde iremos en breve a annabolenear un poco.

Nueva etapa vital que coincide casi de forma exacta con el cambio de trabajo. Muchos retos por delante, motivaciones para seguir aprendiendo en este transitar por el mundo que es la vida. Eso por no hablar de la de óperas que tengo pendientes antes de cumplir 40. Así que dígale a su hija que tenga la maleta lista, que el día menos pensado nos vamos al aeropuerto a recorrer Europa. Mientras ella me acompañe, señora, esa otra pata que es la estabilidad emocional estará bien asentada.

Arrugas

No las tengo, desde luego. Puedo afirmarlo incluso ante notario. Mantengo una piel tersa y brillante, pura herencia genética. Pero a partir de los treinta, la cuenta atrás inexorable comenzará para que surquen mi cara. ¿Qué haré entonces? ¿Refugiarme en cremas milagro? ¿Quedarme como esté, aun a riesgo de parecer todavía más viejuno? ¿Engañarme con el “la arruga es bella”? Esta crisis de los treinta va a tener más consecuencias de las que yo pensaba…

trenti

Si tuenti es la red para los veinteañeros, ¿significa que a partir de diciembre yo tendría que participar en otra que se llame trenti? Hoy me ha brotado la instantánea, en forma de largo pasillo que se estrecha y me conduce hacia la oscuridad. Es mi juventud que se escapa, conforme me acerco a la treintena de manera irreversible. Todavía es pronto, pero sospecho la aparición de una crisis existencial ante el hecho de inaugurar una nueva década y conjugar el número 3 por los próximos diez años. Adiós a la veintena, adiós a la época de estudiante, de joven golfo, de periodista promesa, de amante fogoso (¿cuela?). A partir de ahora, hay que darle sentido a la vida y dejar los experimentos gaseosos. El reloj vital es un puñetero cronómetro que calcula cuándo se me pasará el arroz para las tropecientas convencionalidades (trabajo fijo, mujer, niños…) que marcan la estabilidad, según la opinión del pueblo llano. Voy a intentar mirar para otro lado, a ver si por un casual el personal no se acuerda de mi…

Por cierto, eso de que la juventud se lleva en el espíritu es uno de los peores consuelos que existen. Así acaba herniado mucho carrozón, así.