la donna del lago

Marilyn (Horne)

A vueltas con “La donna del lago” de Rossini, en anteriores post le di la brasa con el aria del tenor del arranque del segundo acto y el rondó final de la mezzo protagonista, con el que concluye la ópera. A falta de que cierre el círculo con la escena del baritenor (quizás cuando encuentre uno decente de timbre y estilo), hoy le presento, señora, a la Marilyn más importante de mi vida. Ni rubia, ni explosiva, ni actriz ni cazadora de presidentes. La Horne, ahí es nada. Una señora con un registro vocal impresionante, con las bases de contralto pero una facilidad para llegar incluso a los agudos de la soprano. Uno de los grandes roles de contralto rossiniano es este Malcom Greene, pretendiente de Elena, y que aterriza en escena con este “Mura Felici”, nueve minutos de genio rossiniano, de coloraturas perfectas, de un dominio del fiato y las dinámicas inigualables, de un timbre hermoso que redondea un canto estilizado. Con estos cánones canoros, las nuevas generaciones lo tienen difícil.

Joyce

Creo que no le descubro nada si le digo eso de que “son malos tiempos para la lírica”, en el sentido más literal de la frase. Da gusto, por tanto, tropezar de vez en cuando con cantantes como la mezzo americana Joyce di Donato, que aparte de ser más maja que las pesetas, reverdece los grises pastizales del repertorio rossiniano. Acaba de darse un baño de éxito con una Elena de “La donna del lago” en Milan muy merecido, apenas quince días después de dejar su sello como Octavian en el nada parecido mundo straussiano de “Der Rosenkavalier”. El público lombardo se ha entregado a su arte. Cuelgo aquí el rondó final de la “Donna”, un “Fra il pade, fra il amante” que sirve para bajar el telón de este Rossini serio, tan inhabitual en los teatros como el resto de las óperas serias del llamado “Cisne de Pésaro”. A un timbre carnoso y colorista suma cierta facilidad en la coloratura, conocimiento del estilo y mucha clase cantando. Sirva como estímulo para acercar un género poco habitual más allá de los recopilatorios de arias complicadas. Y si le pilla cerca de su casa, señora, no dude en ir a verla. Y dígale a su niña la mayor que el año que viene la programarán en Londres. Debería aprovechar para salir de casa y conocer mundo. Y si de paso va a mi amado Covent Garden, yo la invito al helado de vainilla en el descanso.

Oh fiamma soave

Admito que quizás no sea fácil entrar en el mundo de Rossini. Pueden no entenderse unos modos compositivos en los que los poco duchos no sepan distinguir comedia de drama. Y el de Pesaro, a mi juicio, fue mucho mejor compositor de ópera seria que bufa. Podría colgar aquí arias de “El barbero de Sevilla”, que toooooodo el mundo conoce, e incluso los horteras se ponen de politono en el iPhone. Pero últimamente estoy seducido por “La donna del Lago”, y la pieza con que arranca el tercer acto, la escena del tenor. Es de una dificultad endiablada, ya que se pensó en su día para Rubini, un cantante histórico que empleaba la técnica de la voz mixta y el falsete para dar las notas más agudas. Salvadas las distancias, el gran tenor rossiniano de nuestros días es Juan Diego Flórez. Y los aficionados podremos contar a nuestros nietos que lo escuchamos en vivo, así como nuestros abuelos presumen de haber presenciado las grandes noches de Kraus o Pavarotti. Hay que disfrutar de su canto, que convierte en fácil unas coloraturas endiabladas, que sube a plena voz siempre bien timbrado, que modula con un gusto exquisito. Y eso hoy no abunda, señora, sino más bien todo lo contrario.