Arrugas

No las tengo, desde luego. Puedo afirmarlo incluso ante notario. Mantengo una piel tersa y brillante, pura herencia genética. Pero a partir de los treinta, la cuenta atrás inexorable comenzará para que surquen mi cara. ¿Qué haré entonces? ¿Refugiarme en cremas milagro? ¿Quedarme como esté, aun a riesgo de parecer todavía más viejuno? ¿Engañarme con el “la arruga es bella”? Esta crisis de los treinta va a tener más consecuencias de las que yo pensaba…

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