palma

Tuitea tu vida

Estoy recién llegado de Palma, enciendo el ordenador para ver cómo va la Bolsa (¿cuela?) y me topo con que Guti y su ex novia lo han vuelto a dejar, tras retomarlo antes del verano, cuando él llegó a Soria para recluirse en un convento cartujo en el que reflexionar sobre su vida. No, perdón, quise decir a Ibiza para ponerse hasta el culo de mojitos y playa. El hecho en sí me trae bastante al fresco, señora, no se lo voy a negar. Pero me ha hecho mucha gracia que el anuncio haya trascendido porque el propio futbolista así lo ha comunicado a través de su Twitter. Es decir, ha informado al mundo de la nueva, para que el mundo tome conciencia de ella al tiempo que debate sobre el devenir de la economía global. Lo que por otra parte no hace sino ratificarme en mi convicción de que esa famosa “herramienta de comunicación” carece de toda utilidad en un 90% de los casos. Hay demasiados gutis en el planeta.

An end is coming

El fin. Concepto definitivo. Aquello que termina pero que nunca regresa, al menos no en su forma original. Acabamos una comida que nunca volverá a saber igual, aunque el menú sea el mismo. Acabamos un libro, que probablemente nunca nos vuelva a proporcionar las mismas sensaciones en futuras relecturas. Acabamos un viaje que no será igual al siguiente, ni por compañía ni por destino. Voy a parar aquí. Simplemente porque le veo ya el punto final a esta estancia en Palma que se repite ya por quinto año (¿o sexto?), y habré de volver a mi dulce exilio compostelano, a mi sofá olímpico, a mi cama kilométrica, a mi frigorífico con bebidas de soja y chocolate, a mi ópera en altavoces a toda pastilla, a mis horas muertas entre libros, a mis anhelos por el humo.

Julio

Este es un post de relleno, sin nada especial que contar. De esas veces que tienes querencia por la tecla, pero no sabes qué frase componer. Así que me he forzado a encontrar algo para chafardear. Me dije “igual si escribo sobre este último mes lleno unas líneas”. Confiémonos a eso. Pues ya ve, señora, me he mudado de piso, estreno sofá kilométrico y colchón de 1,50. Todo, pa mi solo, como viene siendo costumbre en mi vida. Del humo ni se sale ni se entra, simplemente te rodea, y en función de cómo sople el viento, te envuelve en su fragancia o no. Ahora por Palma, como cada inicio de verano, trabajando para pagar facturas, y anhelando poder regresar a mi exilio compostelano para devorar libros, una afición recuperada a lo largo de este año. Sorteamos la crisis como buenamente se puede, se esquivan sus atroces mordiscos aunque siempre te deja algún rasguño doloroso, y confiamos en que peor no podemos estar, y que lo que nos quede por andar sea un camino más asfaltado. Pero paciencia, que todo llegará en esta vida. Incluso el humo perpetuo. Es cuestión de esperar. Algunas cosas lo merecen.

La esencia de las cosas

En este mundo aparente, a veces nos pasan desapercibidas la verdadera realidad de lo que nos rodea. Nos perdemos en circunloquios. Recorremos los suburbios sin llegar a la zona histórica de la vida. Demasiado accesorio y poca esencia. Es lo que ocurre si hacemos turismo de sol y playa por nuestra existencia, en sentido figurado. Un día nos cierran el chiringuito o nos pica una medusa, y caemos en barrena. Error. Definamos lo insustancial como aquello que podríamos olvidar y no solo seguir viviendo, sino que no lo echaríamos de menos y además seríamos capaz de vivir mejor. 

Estos tiempos en Palma me devuelven a una realidad distinta a la habitual, la náutica. En otro plano diferente al deportivo, del que no toca hablar aquí, este mundillo ha sido históriamente escenario de rencores, desencuentros, venganzas, odios, conspiraciones y traiciones. No es necesario dar detalles. Todo ello envenenaba las formas, el ambiente, crispaba el espíritu y las actitudes. ¿Necesidad? Ninguna. La esencia es que cuando alguien es un completo imbécil, lo será por siempre jamás, lo diga Agamenón o su porquero. Constatado eso, cada uno debe optar por su camino, y llegado el momento, si fuera necesario, saludar cortesmente. La educación lo primero. Lo bueno de los indeseables es que son la única enfermedad que se cura con la indiferencia. Y si donde digo Palma escribo Santiago, probablemente podría extender esta reflexión sustituyendo “indeseables” por “anormales”. Aunque si llamara gilipollas a más de uno, tampoco me quedaría corto. Insultar puede ser terapéutico.

pd: me preocupa últimamente la deriva hedonista que toma mi vida. Solo soy capaz de escribir y aconsejar cómo dejarnos llevar por nuestras pasiones. No me sale otra cosa. Me vulgarizo. Y además, hace que cuando intento reflexionar seriamente en voz alta sobre cualquier tema, no sea creible ni un poco. Sigamos con el derrotismo. Puede ser también falta de talento, escasez del mismo, un desierto de creatividad momentáneo o creciente. Ya sabemos que la desertización peninsular avanza.

pd 2: bloody maries y “Simon Boccanegra”. Una enorme combinación.

Mayo

Casi no sé por donde empezar. Está siendo un mayo intenso, de contrastes, reencuentros, risas, nocturnidad, alevosía, copas, apuestas, mensajes, quemaduras, viajes, óperas, cenas, caricias, bodas, aeropuertos, derroches, guiños, palabras, miradas, sueños, maratones, conciertos, tertulias, churrascadas y no sé cuántas cosas más, sobre todo cuando quedan por vivir casi diez días más. Está siendo un mes de mayo de acelerón y frenazo, de excesos y defectos, de sorpresas inesperadas. Hagamos un ejercicio de concisión sumaria para comentar un par de cosas.Hubo una boda. Se nos casó un buen tipo al que fuimos a ver a pesar de una nube volcánica caprichosa. Y allí nos reencontramos tres amigos ocho años después, recordando tiempos pasados, que no sé si fueron mejores, pero desde luego merecieron la pena vivirlos al lado de Toni y Antonio. Queda pendiente visita a Zaragoza, una ciudad a la que le debo buenos momentos, y ella me debe recuerdos. Me los roba de noche.

Hubo una final de Copa. Y una celebración. Y una quemadura. Y Puccini de madrugada. Y un delicioso desvelo con prórroga obligada en forma de curso formativo bastante aburrido. Y la música de Puccini me gusta más ahora, si cabe. Me queda la sensación de que sus óperas son algo cortas. Tendré que reescucharlas más a menudo.

Hubo una churrascada. Nada fuera de lo habitual en un día libre, acompañado de buenas gentes que elevan a la enésima potencia el concepto de hospitalidad. Pero lo importante fue el regreso a un lugar de autos, esquivado durante años, y que ha dejado de ser escena de crimen para convertirse en decorado paradisíaco (y dionisíaco, añadiría). Hay más. Una senda abandonada y poseída por la maleza vuelve a ser transitable. Es una de las alegrías de este 2010.

Hubo un puente y nos fuimos a Madrid. La fraternidad no es una cuestión de consanguineidad, sino de carácter. Y hay un puñado de personas en esa ciudad que te acogen casi como si fueses de su familia. Son amigos, pero prestados por otro individuo único en esta existencia de quien escribe. Regresamos al Teatro Real, disfrutamos de Bellini, Juan Diego Florez y una cena al aire libre deliciosa. Probamos la comida nórdica y los cócteles malasañeros. Recordamos, en fin, porque cuatro años fueron pocos bajo el cielo gris de la capital.

Y habrá, porque el mes no ha acabado, la enésima cita en mi ciudad particular. Puede que después tenga otros muchos más “hubo” para un post.