la petarda de belen esteban

Sin gracia

Maldad de las 9:19 del sábado. No soporto a Eloy Arenas. Es una confesión que hace meses que quiero gritar a los cuatro vientos. Es un señor que me atormenta todas las mañanas de los fines de semana colaborando en el programa de radio de la Gemio, con el que suele coincidir mi despertar. No tiene puñetera gracia. Es más, no recuerdo que la haya tenido nunca. Es un espanto de cómico, el típico que va de graciosete, que juega a ventrilocuo con bromitas de supuesto calado político, pero al que habría que retirarle la licencia del humor. Le cumplió hace años, y el inspector de chistes hizo la visa gorda para que se siguiese ganando la vida. No lo aguanto. Temo, incluso, que el tipo tenga hasta seguidores. En fin, si los tiene Belén Esteban…

Pasado el momento de estrés de tener que escucharle una entrada en el programa de la Gemio (otra que hace periodismo por aproximación), me pregunto qué será de un cómico sin gracia en paro. ¿A qué se dedica? Una vez que pierdes la gracia, ¿para qué eres útil en el mundo del espectáculo? ¿Acomodador? ¿Vendedor de palomitas? Te queda vedada la posibilidad de ser agente de castings o representante: si eres incapaz de darte cuenta de tu falta de talento, ¿cómo vas a juzgar a otros? Qué dura es la vida cuando se vive del cuento. A veces he estado tentado de enviar un email a la Gemio y suplicarle, literalmente, que coloque a Arenas a las ocho de la mañana y despliegue ahí toda su gama de chascarrillos. Es una hora en la que con toda seguridad no estaré despierto, y así podemos compatibilizar su necesidad de un sueldo y mi derecho a no levantarme de mala leche el sábado.

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Lo que nadie entiende

En este proceso de analfabetización a marchas forzadas de la televisión contribuyen decididamente programas tan cuestionables como Sálvame, refugio de periodistas, pseudoperiodistas, alcahuetas de peluquería, chulos de piscina, neuróticas y Belén Esteban. Ésta última me dejó patidifuso la pasada semana, cuando le reprochaba a otro “colaborador” (mágico eufemismo para intentar referirse a los que por allí pululan sin oficio ni beneficio alguno) que empleaba “palabras que nadie entiende”. Con nadie se refería, debemos suponer, no a estudiantes de bachillerato o trabajadores con una formación media, sino simplemente a amebas andantes que, como ella, ansían con fruición un marido y una prole a la que llamar a gritos para cenar. Por otro lado, me pregunté si el léxico empleado adolecía de matices técnicos o semióticos ajenos al conocimiento del común de los mortales, y si Kiko Matamoros había abusado de sus relaciones en la noche para sacarse un cursillo de física cuántica con el que epatar. No sé, señora, ¿usté sabe qué significa la palabra “acrítico”? Ahí se lo dejo.

Resistir

Hay que aguantar, fortificarse en casa, atrincherarse en el sofá y resistir. Se exige además andar rápido de reflejos para cambiar de canal cuando sea conveniente y esquivar la publicidad que desliza en el subconsciente las palabras prohibidas, la incitación a caer en la perdición del consumismo. Porque estamos en re-ba-jas, y las tarjetas de crédito se inquietan ante su posible fundición por caer posesidas por algún manirroto incapaz de controlarse. Puede llegar el punto de que sea imprescindible entrar en un centro comercial, por aquello de que no solo de pan vive el hombre y es necesario comprar mantequilla para untar. A veces incluso una botellita de cava por si toca celebrar algo, aunque sea la cotidianeidad. Incluso entonces, se exige fortaleza de ánimo, contricción, para fintar como un Messi cualquiera los mostradores con ofertas irresistibles y descuentos por encima del 60%, envenenados dulces que nublan el entendimiento de los débiles de espíritu y se llenan de facturas la cartera. El estoico ahorro se impone en tiempos de crisis, señora. Eso, y que en mayo nos vamos a Suiza. A ver si me ficha un banco.

Por cierto, grandísimo programa “Enemigos intimos”, en ese canal de programación cultural y educativa como es Telecinco. En este no nos ilustra con su presencia Belén Esteban, para nuestra desgracia. Pero recuperamos para la televisión a Santi Acosta, un presentador que regala clases de buenas formas cuando se dirige a uno de sus invitados y le dice: “vamos a pasar un video que no te va a gustar, que preferirías que no mostrásemos, pero ilustra mejor la situación”. Yo le traduzco: vamos a joderte, pero como estás aquí sentado llevándotelo calentito, tragas y sonríes. No, su programa no va sobre conocimientos enciclopédicos ni premian al que sepa contar el número de garbanzos de un paquete con solo mirarlo siete veces. Le invitaría a verlo, señora, pero coincide con “El gato al agua”, su espacio de humor favorito.

pd: antes pornografía que Intereconomía. He dicho.

La Esteban

Ya lo sabrán, claro. La Fiscalía de Madrid ha intervenido de manera inicial tras una denuncia del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid. Huelga decir que la lacrimógena ex de Jesulín está atacadísima, y que Telecinco ha tomado como una afrenta personal este ataque “frívolo” contra su musa, el emblema de las clases analfabetas de este país, a ratos farloperas, arrabaleras y, sobre todo, holgazanas. Yo me alegro muy profundamente. Quisiera que esto se convirtiera en un aldabonazo legal contra toda la gente que vive de hablar de las miserias de los demás… aunque sea su propia hija. Y siguiendo en esta línea, que hunda en la más absoluta vergüenza a una cadena estercolero que airea zafiedades de peluquería en prime time, revestidas como exclusivas periodísticas. Sarcasmo máximo, claro. Yo sigo poco a Belén Esteban. Poco tirando a nada. Me asquea profundamente alguien que no sabe de nada, pero que por gritar airadamente y llorar cuando le mentan a su hija y lo malo que es su padre (eso dice ella, amparado por la Oprah Winfrey del rulo y la mesa camilla, Ana Rosa) lleve casi una década instalada cómodamente en un plató de televisión. ¡Cuánto no se arrepentirá el torero de Ubrique de aquella mala corrida! 

Sin embargo, Telecinco no está por la labor de admitir que España entera conoce la intimidad de la pobre chiquilla, incluso su desapego por el pollo. Es más, van a convertirlo en una guerra de cadenas de televisión, como si Antena 3 fuera el Gobierno manejando la Fiscalía en el Caso Gürtel, poco menos. Y dale con Andreíta por aquí, y la Esteban por allá, a la que convertirán en mártir y santa del tubo catódico (qué antigua es esta expresión, pero qué bien ilustra) por la gracia de las audiencias que esta noche y mañana deglutirán minutos de basura televisiva en forma de seriales sobre el caso. Es más, ese deleznable personaje llamado Jorge Javier Vázquez ha puesto el grito en el cielo porque el Defensor del Menor ha actuado movido por siete denuncias anónimas, siete, y no setecientas, que es lo que debería probar la conmoción social. Ese mismo argumento vendría a valer para los malos tratos, y el juez debería decirle a la agredida “oiga, no me venga con quejas que solo han sido dos puñaladas y no doscientas, esto no es para tanto”. Exagero, lo sé.

Mientras tanto, me causa estupor cómo los medios de comunicación (no salvo ninguno) teóricamente serios se han volcado con este tema, y regalan páginas y páginas sobre la niña, cuyo rostro apenas conocemos, pero es lo que le queda por mostrar, y dentro de ocho años, cuando sea mayor de edad, ya les apuesto algo a que la vemos como su madre la trajo al mundo en la Interviu, donde precisamente la Esteban nos enseñó su operación de pechos años ha. Porque cuando tu vida no es tuya sino está en boca de los demás, uno se debe a su público y debe mostrarles cuanto demanden… previo pago. Igual le falta dinero para convencer al juez de que no va a volver a hablar de su hija. Igual es peor el remedio que la enfermedad.