cumpleaños

trenti

Si tuenti es la red para los veinteañeros, ¿significa que a partir de diciembre yo tendría que participar en otra que se llame trenti? Hoy me ha brotado la instantánea, en forma de largo pasillo que se estrecha y me conduce hacia la oscuridad. Es mi juventud que se escapa, conforme me acerco a la treintena de manera irreversible. Todavía es pronto, pero sospecho la aparición de una crisis existencial ante el hecho de inaugurar una nueva década y conjugar el número 3 por los próximos diez años. Adiós a la veintena, adiós a la época de estudiante, de joven golfo, de periodista promesa, de amante fogoso (¿cuela?). A partir de ahora, hay que darle sentido a la vida y dejar los experimentos gaseosos. El reloj vital es un puñetero cronómetro que calcula cuándo se me pasará el arroz para las tropecientas convencionalidades (trabajo fijo, mujer, niños…) que marcan la estabilidad, según la opinión del pueblo llano. Voy a intentar mirar para otro lado, a ver si por un casual el personal no se acuerda de mi…

Por cierto, eso de que la juventud se lleva en el espíritu es uno de los peores consuelos que existen. Así acaba herniado mucho carrozón, así.

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La ilusión

Puede parecer una completa estupidez. De hecho, probablemente me dé esa impresión dentro de no demasiado tiempo. Pero me hace mucha más ilusión regalar que ser regalado en los cumpleaños. Cosecho un album de sonrisas y gestos de felicidad del resto de la humanidad a la que me he dignado entregarles algún recuerdo con motivo de su día. Son esas pequeñas concesiones a los buenos sentimientos que, ocasionalmente, me permito para descongelar esta existencia tan falta a veces de candor. Conste que las onomásticas no son sino una excusa para el regalo. Porque lo que en el fondo le dices al regalado es que es importante en tu vida. El problema es cuando regalamos a mansalva, a todo hijo de vecino que llega a la treintena o simil parecido. Las cosas deben tener un valor sentimental, y empobrecerlo sólo nos conduce a una vida banal y monótona.

Que por cierto, este post viene al pelo porque cierto individuo se aproxima a la tercera década de su vida, con más fuerza todavía que quien escribe estas palabrejas. Y sí, señora, tengo la edad que aparento, no envejezco, no parezco mayor, ni me conservo mal, ni tengo arrugas, ni achaques, ni nada por el estilo. Y si no, pregúntele a su hija sobre mi estado, que puede darle algunas referencias. El resto, se lo imagina.

Asqueroso, felicidades.