navidad

Gentle on my mind (bis)

Este es un post con medalla. Para mí, claro. Hace exactamente seis años y pico, en el antiguo blog, colgaba la letra de mi canción favorita de Dean Martin, “Gentle on my mind”. Entonces me refería a ella como una de esas sintonías indispensables para combatir los bajones anímicos que caracterizaron aquella lejana época, de la que tantos rescoldos quedan en esta bitácora, y que sin ir más lejos animaron a su creación. Ahora, años después, me llevo la enorme alegría de que El Corte Inglés ha decidido que la inigualable voz de Dino, que su mágico encanto, que su estilo único, merecía ser la banda sonora de su campaña de Navidad.

Casi sin quererlo, me produce una absurda satisfacción, señora, ya ve usté. No porque yo fuera gurú de ninguna clase anticipándome a decisión alguna de la agencia de publicidad responsable de los spots en radio y tv. Ni mucho menos. Sino por que quizás con este pequeño empujón en nuestro país se desempolva a uno de los mejores entertainers del pasado siglo, un tipo que cantaba, actuaba, recitaba monólogos y todo con clase, con toneladas de chispa, haciendo parecer fácil todo lo que protagonizaba. Algo sólo al alcance de los más grandes. Dino lo era. Larga vida a su memoria.

Y para usté, señora, feliz año. También para su hija la mayor, claro.

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Aborrecer

Este post va con varios días de retraso. Exactamente, desde el primer día en que paseando por los pasillos del Hipercor tronaban los puñeteros villancicos. Horror. Cada año, la Navidad empieza antes. Y por esta cochina manía de intentar revivir el espíritu consumista que nos sobreviene en estas fiestas, nos taladran los oídos con los peces en el río, la campana sobre campana, el yo me remendaba yo me remendé, y demás composiciones tortuosas. Se los sufré además en unas delictivas grabaciones de voces infantiles, que me lleva a preguntarme qué clase de sucias artes se emplearon para engatusar a los nenes. A mi me suenan igual que las que escuchaba en mi niñez. Lo que me lleva a suponer que es la misma grabación de hace veinticinco años, entonces en cassette, ahora en cd, próximamente en Spotify. Lo rancio nunca caduca.

La variante andaluza es peor, con los llamados “villancicos flamencos”, que ya se los puede imaginar. Si no, en Canal Sur TODOS LOS AÑOS tiene cuatro horitas de artistazos arrancándose por ellos con su caja y su guitarra, y sus palmeros, y el belén, y una fogatita pa combatir el frío, y mucho ole y muche ele. ¿Qué haríamos sin la televisión pública andaluza? Inventarla, sin duda.

Y nada, aquí por el sur echando las navidades, en este balneario ya habitual, no todo lo corto que quisiera. Y supongo que por estos impuros pensamientos, me ha castigado la divinidad de guardia haciendo que me olvidara mi disco duro con música en Santiago.

Obreros y artesanos

Llega ya la Navidad. ¿No la huele, señora? Ah no, que aquí en Compostela el olfato está congelado por esta ola de frío polar que, por segunda vez en doce meses, me está permitiendo ver como me nieva en las narices. Bueno, pues acérquese al supermercado, y verá cómo nos anuncian la venida de estas fiestas tan entrañables y familiares, llenas de buenos sentimientos, de deseos de felicidad y toda esa basura consumista que sirve de salvavidas para estos momentos de crisis económica (y de valores, que es más profunda). Lo único bueno de este tiempo es que reponen en las estanterías del Hipercor mi turrón favorito, y no es precisamente Made in Spain. “Turrón Almendrado”, de Nestlé. Suizos, ahí los tiene. Ninguno maneja el praliné como ellos, y si lleva almendritas, ya ni le digo.

Lo que, por otro lado, me llevó a una reflexión sesudísima y bastante frustrante. Si el chocolate lo descubrimos los españoles cuando Colón tropezó por error con las Américas y lo trajo a Europa, ¿por qué belgas y suizos han conseguido fundar Nestle, Lindt y Godiva, y en España no pasamos del ColaCao y los cortados Trappa? ¿Qué error en la manufactura repostera ha llevado a que nos hayamos quedado atrás en esa cadena evolutiva chocolatera fundamental para la alimentación del ser humano? ¿Por qué a partir de una misma materia prima, los de fuera se han consagrado como artesanos del cacao y nosotros no pasamos de meros obreros de tres al cuarto? Esto me tiene preocupadísimo como ya supondrá, señora, y solo me veo capaz de calmar esta desazón cortándome un trocito de turrón. Usté no coma que engorda, oiga.