destino

Sinatra

No pasa por ser mi canción favorita de Frank Sinatra, pero sí la que explica mi actual momento vital. Hemos seguido pasando páginas y ahora volvemos a los folios en blanco, los que están por escribir, dejando atrás los borrones, las retahílas de párrafos de sobra conocidos. En esta partida de cartas que baraja el destino, las que llevo en esta mano parecen muy buenas. Veremos cómo las juego.

“The best is yet to come”

Out of the tree of life, I just picked me a plum
You came along and everything started to hum
Still it’s a real good bet, the best is yet to come

The best is yet to come, and won’t that be fine
You think you’ve seen the sun, but you ain’t seen it shine

Wait till the warm-up is underway
Wait till out lips have met
Wait till you see that sunshine day
You ain’t seen nothin yet

The best is yet to come, and babe won’t it be fine
The best is yet to come, come the day that your mine

Come the day that your mine
I’m gonna teach you to fly
We’ve only tasted the wine
We’re gonna drain that cup dry

Wait till your charms are right, for the arms to surround
You think you’ve flown before, but you ain’t left the ground

Wait till you’re locked in my embrace
Wait till I hold you near
Wait till you see that sunshine place
There ain’t nothin’ like it here

The best is yet to come, and babe won’t it be fine
The best is yet to come, come the day that your mine

(Coleman/Leigh)

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Soluciones

Hoy me disfracé de arqueólogo y rebusqué en el archivo de este blog. De vez en cuando lo hago, para reconfortarme pensando que hubo un pasado mejor, pero que también llegó a ser mucho más doloroso. Siete años y medio de historias dan para muchas reflexiones, señora. Albergo una duda respecto a todo en esta vida. Dado que creo que nuestro futuro, nuestro día a día no está escrito, tengo la convicción de que podemos lograr todo aquello que nos propongamos. Es decir, que existen hojas de ruta para que, saliendo de nuestra casa, podamos llegar a ser presidente de la comunidad de vecinos o tuitero de éxito. O consigas salvar una relación.

Esas hojas de ruta son las que poseen los inexistentes guardianes de nuestro destino. Son como los libros de soluciones de los juegos de ordenador. Te dirían a dónde ir, qué hacer y qué decir, en qué momento realizar tal acción o cómo reaccionar a tal otra. De alguna manera, sería traicionar al libre albedrío por el que nos regimos. Llegaríamos incluso a engañar con mayúsculas a quienes nos rodean, por cuanto nuestras acciones y afirmaciones no serían sinceras y espontáneas, sino fruto de la trampa.

Por eso, me quedo con una reflexión mía que hice hace más de cinco años en este mismo blog: “La palabra es el poder máximo, y cuando no conseguimos nuestro objetivo es que no hemos empleado las adecuadas”. Porque en el fondo, la mayoría de nuestras victorias y nuestras derrotas siempre dependen de nosotros mismos. Apúnteselo, señora.

Ajedrez

La vida es una partida de ajedrez. Tu destino juega con blancas, y te lleva la iniciativa. Tú, con negras, debiendo sobreponerte a quien mueve primero y, al mismo tiempo, tejiendo la estrategia para doblegarlo y acabar venciendo la mano. A veces, te amenaza con un caballo que salta tus defensas y entra en la última de tus líneas provocando una revolución, y te ves obligado a enrocarte para salvar la situación, a sabiendas de que no podrás utilizar más este recurso. Otras, serás tú quien se sirva de los peones como maniobra de distración. En las menos ocasiones, incluso sacarás a pasear a la reina para dar el golpe de efecto, aun a riesgo de cometer una torpeza y perderla para el resto de la partida. Lo mejor de la metáfora es que, como la vida misma, una jugada puede resolverse de siete maneras distintas, y siquiera en los momentos más desesperados, hay alternativas para sobreponerse y contraatacar hasta acabar llevándose la victoria. Contra lo que muchos piensen, nuestro futuro no manda, solo dibuja un movimiento sobre el tablero. Y se le puede dar jaque.