Música

Help yourself!

Love is like candy on a shelf
You want to taste and help yourself
The sweetest things are there for you
Help yourself, take a few
That’s what I want you to do.

We’re always told repeatedly
The very best in life is free
And if you want to prove it’s true
Baby I’m telling you
This is what you should do
Just help yourself to my lips
To my arms just say the word, and they are yours
Just help yourself to the love,
In my heart your smile has opened up the door
The greatest wealth that exists in the world,
Could never buy what I can give
Just help yourself to my lips
To my arms, and then lets really start to live

Allllllllll right. Yeah

My heart has love enough for two
More than enough for me and you
I’m rich with love, a millionaire
I’ve so much, it’s unfair
Why don’t you take a share
Just help yourself to my lips
To my arms just say the word, and they are yours
Just help yourself to the love,
In my heart your smile has opened up the door
The greatest wealth that exists in the world
Could never buy what I can give
So help yourself to my lips, to my arms
And then lets really start to live
Just help yourself to my lips
To my arms just say the word, and they are yours
Just help yourself to the love

In my heart your smile…………[fade]

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Non ti scordar di me

Partirono le rondini dal mio paese
freddo e senza sole,
cercando primavere di viole,
nidi d’amore e di felicita.
La mia piccola rondine parti
senza lasciarmi un bacio,
senza un addio parti.

Non ti scordar di me:
la vita mia legata e a te.
Io t’amo sempre piu,
nel sogno mio rimani tu.
Non ti scordar di me:
la vita mia legata e a te.
C’e sempre un nido nel mio cor per te.
Non ti scordar di me!

Cual marino mercante

La vida, a veces, tiene inercias de gran barco mercante. Llegamos a un punto en el que hemos llenado la bodega y la superficie de carga, y debemos cuidar la travesía para que una borrasca no lo haga zozobrar en exceso y naufrague. Incluso, cualquier cambio de dirección debe realizarse sin brusquedades, al contrario, como un ejercicio planificado que comienza por trazar el nuevo rumbo, calcular la derrota y dar órdenes al timonel para iniciar la maniobra. Al principio, el giro es apenas perceptible, pero a la larga se observa que donde había dirección norte, ahora la hay hacia el este, y sigue moviéndose hasta llegar al sur y cambiar 180º el curso inicialmente previsto.

Ya tengo el nuevo rumbo trazado. Ahora, a esperar que finalice la maniobra.

E ti vengo a cercare

E ti vengo a cercare
anche solo per vederti o parlare
perché ho bisogno della tua presenza
per capire meglio la mia essenza.
Questo sentimento popolare
nasce da meccaniche divine
un rapimento mistico e sensuale
mi imprigiona a te.
Dovrei cambiare l’oggetto dei miei desideri
non accontentarmi di piccole gioie quotidiane
fare come un eremita
che rinuncia a sé.
E ti vengo a cercare
con la scusa di doverti parlare
perché mi piace ciò che pensi e che dici
perché in te vedo le mie radici.
Questo secolo oramai alla fine
saturo di parassiti senza dignità
mi spinge solo ad essere migliore
con più volontà.
Emanciparmi dall’incubo delle passioni
cercare l’Uno al di sopra del Bene e del Male
essere un’immagine divina
di questa realtà.
E ti vengo a cercare
perché sto bene con te
perché ho bisogno della tua presenza

Adios, maestro

Hace unos días falleció Claudio Abbado, uno de los más grandes directores de orquesta del dopoguerra. Su sensibilidad y su capacidad para comunicar a través de la música, serán la mejor herencia que nos deje. Italia pierde a uno de sus mejores referentes culturales, y poco a poco continúa esa triste descapitalización del país que inventó las artes. No seré yo quien glose la grandeza del Abbado sinfonista, porque no tengo nada que añadir a lo que ya han escrito los estudiosos de la cuestión. Pero no quiero pasar sin rendir un discretísimo y humilde recuerdo a una figura tan colosal para la ópera italiana en la segunda mitad del s. XX, principalmente desde el foso de la sala Piermarini, esta es, el Teatro alla Scala de Milán.

Suya es la autoría de la recuperación y revalorización de títulos verdianos claves como “Macbeth”, “Simon Boccanegra” o “Un ballo in maschera”, en algunas de las funciones más inolvidables de la bicentenaria historia del coliseo lombardo. Del primero de estos títulos, de la obra maldita de Shakespeare, rescato el delicioso preludio (Milán, 1975). Y como propina, una muy posterior interpretación de la obertura de esa poco apreciada joya que son “I Vespri Siciliani” a cargo de la Berliner Philarmoniker, desde el colosal Teatro Massimo de Palermo (2002).

Mild und leise

Me reconozco muy poco wagneriano. Me corre por las venas sangre belcantista y verdiana, y mis acercamientos a Wagner, el primer compositor total de la historia y sin duda uno de los más revolucionarios del género, chocan con esa cierta exigencia intelectual (o la pretensión de sus seguidores de imponer esa exigencia) para impregnarte del valor pleno de su teatro musical. No trasciendo con Parsifal, no me sumerjo en las cuitas sobre amor y poder del Anillo. Pero caigo rendido ante el primer acorde de “Tristán e Isolda”, histórico para muchos musicólogos por suponer un hito en la música tonal y la concepción de la melodía. No piense que yo voy a hablarle de eso. No tengo ni idea. Pero le invito, señora, a que busque en internet el “acorde de Tristán”. Eso es invento de Wagner.

La historia cuenta que Wagner afrontó la composición de Tristán como una necesidad de estrenar una ópera con posibilidades comerciales y que le permitiera obtener recursos con los que continuar su elefantiástico proyecto del Anillo. Cuentan las crónicas que, después de 70 ensayos, fue declarada irrepresentable en la Opera de Viena. Acabada en 1859, no se estrenó hasta 1865. Desde entonces, ha iluminado los teatros de todo el mundo con un tema universal: el amor. Amor que en el caso de Tristán e Isolda es fabricado, no natural, pero que llega hasta el paroxismo absoluto de morir por él.

Tristán posee una de las músicas más hermosas jamás compuestas. Es belleza pura, ajada por la amargura y la felicidad interrumpida en los dos primeros actos, y que alcanza el éxtasis con el “Liebestod” o “muerte por amor” con el que Isolda se despide del mundo abrazando al caído Tristán y, de paso, de los espectadores que ven como cae el telón. Yo soy un verdiano enamorado del Tristán, un título que junto al Don Giovanni mozartiano y el Rigoletto compone la tríada de óperas que puedo ver y escuchar de manera continuada sin ser víctima del cansancio o el aburrimiento.

La Isolda de los últimos veinte años es una mezzo alemana llamada Waltraude Meier. Yo no he tenido la fortuna de poder escucharla en vivo nunca. Es uno de mis grandes pecados como aficionado. La Meier siente a Isolda como la Callas sentía a Norma, Tosca o Violetta. Y nos hace partícipes de su amor y de su dolor, dos sentimientos separados por una línea muy fina. Aquí nos deslumbra en unas funciones de 2007 en La Scala, con Barenboim dirigiendo. Emocionante.

Cuan dulce y suave
sonríe,
sus ojos
se entreabren con ternura…
¡Mirad, amigos!
¿No le veis?…
¡Cómo resplandece
con luz creciente!
Cómo se alza
rodeado de estrellas.
¿No lo veis?
¡Cómo se inflama su corazón
animoso!
Augustos suspiros
hinchan su pecho.
Y de sus labios
deleitosos y suaves
fluye un hálito dulce y puro.
¡Amigos, miradle!
¿No lo percibís? ¿No lo veis?
¿Tan sólo yo oigo
esa voz
llena de maravillosa suavidad,
que cual delicioso lamento
todo lo revela
en su consuelo tierno?
Es cual melodía
que al partir de él, me penetra
resonando en mí, sus ecos deliciosos.
Esa clara resonancia que me circunda
¿es la ondulación de blandas brisas?
¿Son olas de aromas embriagadores?
¡Cómo se dilatan y me envuelven!
¿Debo aspirarlas?
¿Debo percibirlas?
¿Debo beber o sumergirme?
¿O fundirme en sus dulces fragancias?
En el fluctuante torrente,
en la resonancia armoniosa,
en el infinito hálito
del alma universal,
en el gran Todo…
perderse, sumergirse…
sin conciencia…
¡supremo deleite!

Una furtiva lagrima

Y va sin tildes porque es en el italiano original.

Quería colgar el reciente Elisir madrileño, el archifamosa aria de Nemorino. Me conformo con esta de las también recientes funciones bilbaínas. A pesar de todo, la Furtiva tiene un algo especial. Y lo va a seguir teniendo. Sobre todo cuando se canta así de elegante, de sincero, de noble, de delicado.

NEMORINO 
Una furtiva lagrima 
negli occhi suoi spuntò... 
quelle festose giovani 
invidiar sembrò... 
Che più cercando io vo? 
M'ama, lo vedo. 
Un solo istante i palpiti 
del suo bel cor sentir!.. 
Co' suoi sospir confondere 
per poco i miei sospir!... 
Cielo, si può morir; 
di più non chiedo. 

La Nina gondoliera e il senator Tre Denti!

Barcaruola a due voci, attenti!

Pasa desapercibido este primer dúo del segundo acto de L’elisir d’amore, pero rezuma ese aire amable de esta pequeña joyita donizettiana, considerada una de las cumbres del género bufo belcantista. En la celebración anticipada de la boda entre Adina y Belcore, el avispado Dulcamara se ofrece a entretener el ágape con una alegre canzonetta para la que pide la colaboración de la pizpireta novia. El papel del doctor entronca con la tradición de bajos bufos, pero siempre hubo clases. Aquí imparte una lección el maestro Sesto Bruscantini, uno de los grandes del pasado siglo, junto a Judith Blegen (soprano olvidada, con justicia) en una función de 1981 en el Metropolitan neoyorquino. ¿En qué consiste la enseñanza? En que para interpretar con gracia, para darle un toque humorístico, también hay que cantar y no sólo impostar la voz con artificios groseros. Volvemos a lo que le contaba con motivo de aquella aria de Pagliacci: los excesos en la ópera nunca son buenos.

 
DULCAMARA 
(cava di saccoccia alcuni libretti,
 e ne dà uno ad Adina.) 
La Nina gondoliera, 
e il senator Tredenti, 
barcarola a due voci.» Attenti. 

TUTTI 
Attenti. 

DULCAMARA 
Io son ricco, e tu sei bella, 
io ducati, e vezzi hai tu: 
perché a me sarai rubella? 
Nina mia! Che vuoi di più? 

ADINA 
Quale onore! 
Un senatore me d'amore supplicar! 
Ma, modesta gondoliera, 
un par mio mi vo' sposar. 

DULCAMARA 
Idol mio, non più rigor. 
Fa felice un senator. 

ADINA 
Eccellenza! Troppo onor; 
io non merto un senator. 

DULCAMARA 
Adorata barcarola, 
prendi l'oro e lascia amor. 
Lieto è questo, e lieve vola; 
pesa quello, e resta ognor. 

ADINA 
Quale onore! 
Un senatore me d'amore supplicar! 
Ma Zanetto è giovinetto; 
ei mi piace, e il vo' sposar. 

DULCAMARA 
Idol mio, non più rigor; 
fa felice un senator. 

ADINA 
Eccellenza! Troppo onor; 
io non merto un senator. 

TUTTI 
Bravo, bravo, Dulcamara! 
La canzone è cosa rara. 
Sceglier meglio non può certo 
il più esperto cantator. 

DULCAMARA 
Il dottore Dulcamara 
in ogni arte è professor. 

Vesti la giubba

¿Qué son los excesos en la ópera? ¿Dónde está la delgada línea entre una interpretación apasionada y una performance con canto? Yo creo que aquí queda más o menos explicitado para que cada uno saque sus conclusiones.

A menudo se tiende a diluir el verismo operístico, corriente mayoritaria en el género en Italia entre el dopo Verdi y el primer tercio del s. XX, con el verismo interpretativo, una suerte de escuela que fue tomando forma en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Y parece que los títulos veristas sólo pueden entenderse a través del estilo verista, con desprecio de la tradición de canto italiana, y convirtiendo las declamaciones, los sollozos, los gritos, los excesos, en la forma de transmitir emociones sobre un escenario. Como si la representación de los sentimientos y las emociones de los personajes durante el último siglo hubiera seguido cánones obsoletos y hubiera que simplificar la fórmula, despojarla de toda elegancia y sofisticación y dejarla en su ámbito más primario. Una transición perversa que va del cantante intérprete al actor cantante. Los golpes de pecho de Mario del Mónaco parecen la mejor muestra. Este tenor poseía un material privilegiado, un timbre broncíneo rematado por un volumen apabullante, de auténtico dramático. Su principal creación fue Otello, un moro algo básico y falto de hondura psicológica, pero desde luego imponente en lo vocal. Con todas sus taras, es uno de mis favoritos.

De esta escuela del grito han sobrevivido, a pesar de todo, algunos insignes herederos de Del Mónaco, con la diferencia de que no poseían su timbre único.

José Cura, en todo su ¿esplendor? Un desastre de organización vocal, con un centro oscurecido, un pasaje destimbrado y sin brillo, a veces molesto para el oyente, y un agudo con un color completamente diferente al resto, gritado, empujado para que suene. Una sombra del tenor interesante que una vez, hace veinte años, fue. Y que sin embargo, sigue paseándose por teatros importantes (cada vez menos) y festivales (cada vez más, pero en provincias).

Pobre Canio, ¿verdad, señora? No tiene suficiente con que Nedda lo engañe con Silvio, y encima vienen estos individuos mugiendo sin pudor para triturar todavía más su pena y sus celos. ¿No hay alternativa? ¿No se puede cantar de otra manera? ¿No es posible compatibilizar un estilo no tan refinado como es el verismo con una forma de interpretación que respete las esencias del canto italiano tradicional? Me alegra que me haga esa pregunta, que sospecho que será tema de debate en todas las sobremesas familiares de este país. Porque sí, sí se puede cantar de otra manera.

CANIO
Recitar! 
Mentre preso del delirio non so più 
quel che dice e quel che faccio!
Eppur... e d'uopo... sforzati!
Bah, se' tu forse un uom!
Tu se' Pagliaccio!
Vesti la giubba e la faccia infarina.
La gente paga e rider vuole qua,
e se Arlecchin t'invola Colombina,
ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!
Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto;
in una smorfia il singhiozzo e il dolore...
Ridi, Pagliaccio, sul taro amore infranto! 
Ridi del duol 
che t'avvelena il cor!

La mia letizia infondere

No es precisamente “I Lombardi alla prima crocciata” un título muy conocido de la producción verdiana, a pesar de que fue el que siguió al exitoso “Nabucco” que lanzó a la fama al compositor de Busetto. Encajado dentro del llamado “periodo de galeras”, donde Verdi tenía que servir encargos a los teatros que lo contrataban con una periodicidad casi inhumana, apenas se aprovecha de esta olvidada ópera el aria de entrada de Oronte, “La mia letizia infondere” y su cabaletta “Come poteva un angelo”, que todavía rezuman un leve aire belcantista. Es una ópera difícil de montar, porque tiene la rareza de exigir a dos tenores de agudo resuelto, además de una soprano y un bajo de garantías. Si ya es difícil encontrar a un tenor decente para Verdi, imagínese señora el ímprobo esfuerzo que puede ser hallar a dos. Como anécdota, “I Lombardi” fue la primera ópera que Verdi adaptó a los gustos franceses, añadiéndole piezas de ballet y modificando algunos números hasta convertirla en “Jérusalem”. No volvería a experimentar con el formato de la grand ópera gala hasta la muy posterior “Les vepres siciliennes”, cuya versión italiana yo personalmente encuentro mucho más interesante.

Volviendo a “I Lombardi”, creo que ha habido pocos Orontes como Luciano Pavarotti. Mejor dicho, no ha habido ninguno a su altura, por más que otros intérpretes como Carreras, Domingo o el catedrático Bergonzi lo hayan encarnado (en vivo o en estudio). Esta función de 1969 en la Ópera de Roma es una exhibición de medios como pocas veces se han escuchado. Pavarotti suena exultante, con un timbre argénteo, fresco, luminoso, radiante, interpretando con una facilidad pasmosa y una elegancia natural. A la batuta, Gianandrea Gavazzeni. Por instantes como este, Pavarotti es una leyenda del género operístico.

ORONTE 
La mia letizia infondere
Vorrei nel suo bel core;
Vorrei destar coi palpiti
Del mio beato amore
Tante armonie nell'etere,
Quanti pianeti egli ha;
Ir seco al cielo ed ergermi
Dove mortal non va!

SOFÍA 
Oh! ma pensa che non puoi
Farla tua, se non ti prostri
Prima al Dio de' padri suoi.

ORONTE
Sien miei sensi i sensi vostri!

SOFÍA
Oh mia gioia!

ORONTE 
O madre mia!
Già pensai più volte in cor
Che sol vero il Nume sia
Di quell’angelo d’amor.
Come poteva un angelo
Crear sì puro il Cielo,
E agli occhi suoi non schiudere
Di veritade il velo?
Vieni, m’adduci a lei,
Rischiari i sensi miei;
Vieni, e nel ver s’acquetino
La dubbia mente e il cor!