Fabulando

Observar, ese perdido arte que nos permite entender cosas sobre las que no tenemos un conocimiento real ni en profundidad.

Mediante la observación, he llegado a la conclusión de que uno de mis vecinos de aparcamiento debe estar relacionado con negocios turbios. No le pongo cara, por lo que tampoco he podido completar mi reflexión comprobando si viste trajes negros de marca y se esconde tras unas gafas de sol ahumadas. Ni siquiera he cruzado palabra, lo que elimina la posibilidad de atribuirle una procedencia extranjera, véase algún origen eslavo o sudamericano.

Como tampoco he visto su declaración de la renta, la observación ha sido la que ha nutrido a mi desocupada razón de elementos de juicio. Y he ahí el muestrario de una docena de coches que he visto pasar por esa plaza de aparcamiento en los últimos meses. Deportivos de alta gama, todo caminos, berlinas… Todos, recién matriculados, novísimos, casi recién salidos de fábrica o del spot televisivo que los anuncia como fulgurantes lanzamientos al mercado. Y de la televisión, a mi garaje colectivo. Relucen, señora. Y casi no me da tiempo a disfrutar de las líneas de su carrocería cuando es sustituido de manera sorpresiva por uno todavía más nuevo.

Eso, desde luego, denota un flujo de pasta de esos que sólo se tienen cuando se delinque. Ya sabe que, en estos tiempos de miseria, si alguien tiene dinero es que se dedica al saqueo de lo público, al fraude, al robo a mano armada a la clase trabajadora. O eso, o es político. Al menos son las proclamas de estos sabios greñudos de nuevo cuño que pueblan las tertulias televisivas. Porque en España, si se tiene un trabajo honrado no se pueden tener catorce coches ni tres casas. El trabajador es un miserable sufridor, y debe lucir como tal.

Así que, ante esta lectura objetiva de la realidad circundante, estoy casi convencido de que este vecino es un narco o algo parecido. La alternativa es que sea dueño de un concesionario de coches y se dedique a probar las novedades que le van llegando. Pero me parece tan pobre esta posibilidad que prefiero seguir alimentando mis fabulaciones.

 

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