Ikeando

Te levantas un día y, mientras te rascas la cara y te frotas un ojo para sacudirte el sueño, te quedas mirando esa mesilla de noche que NO te gusta y decides que tiene sus días contados. Lleva allí meses, incluso años, siempre esquivando tus pulsiones consumistas para ser relegada y sustituida por otra nueva, más moderna, más pequeña, más ligera. Por otra que no sea una mesita para el teléfono, en resumen. Somos víctimas del “de hoy no pasa”, ese ultimátum que nos damos los flojos de espíritu para acometer las hercúleas tareas de la decoración y el bricolaje. Déjeme confesarle que hace más de dos años que lleva un cuadro guardado en el cuarto de la plancha porque no he comprado la broca y el taco para colgarlo en el salón. No tengo remedio, lo sé.

Ese impulso reformista, que supongo sintoniza con el que lleva ahora a hordas ciudadanas a reclamar el retorno de la República (supongo que porque añoran los buenos resultados que dio la última que tuvimos), es el que hace unos días me empujó a darle una mano de pintura a este blog, en el que quedan bastantes pocas cosas por contar. Pero ya ve, señora, unas cortinas, una alfombra y unas lamparitas resultonas, y tenemos otro espacio en el que venir a tomar el té.

Redecorando nuestra vida, que decía la propaganda sueca de los de Ikea. Redecoremosla, pues.

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