Adios, maestro

Hace unos días falleció Claudio Abbado, uno de los más grandes directores de orquesta del dopoguerra. Su sensibilidad y su capacidad para comunicar a través de la música, serán la mejor herencia que nos deje. Italia pierde a uno de sus mejores referentes culturales, y poco a poco continúa esa triste descapitalización del país que inventó las artes. No seré yo quien glose la grandeza del Abbado sinfonista, porque no tengo nada que añadir a lo que ya han escrito los estudiosos de la cuestión. Pero no quiero pasar sin rendir un discretísimo y humilde recuerdo a una figura tan colosal para la ópera italiana en la segunda mitad del s. XX, principalmente desde el foso de la sala Piermarini, esta es, el Teatro alla Scala de Milán.

Suya es la autoría de la recuperación y revalorización de títulos verdianos claves como “Macbeth”, “Simon Boccanegra” o “Un ballo in maschera”, en algunas de las funciones más inolvidables de la bicentenaria historia del coliseo lombardo. Del primero de estos títulos, de la obra maldita de Shakespeare, rescato el delicioso preludio (Milán, 1975). Y como propina, una muy posterior interpretación de la obertura de esa poco apreciada joya que son “I Vespri Siciliani” a cargo de la Berliner Philarmoniker, desde el colosal Teatro Massimo de Palermo (2002).

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