Sempre libera

Dicen las estadísticas que “La Traviata” es la ópera más representada anualmente en el mundo, seguida de cerca por “La Boheme”. Me causa cierta extrañeza, porque pensé que en este top estarían algunos de los títulos que programa el Teatro Real, como referente de la vanguardia operística. Qué raro es no ver “Die Eroberung von Mexico” o “Life and Death of Marina Abramovic” en estos rankings. Qué poco modernos son allende nuestras fronteras.

El extracto más famoso de la vida de la descarriada Violetta Valery es su escena con la que concluye el primer acto, el aria “Ah, forse lui” y la inmortal cabaletta “Sempre libera”, dos piezas grabadas a fuego en la carrera de Maria Callas. Fue uno de sus grandes papeles, que representó con frecuencia a lo largo de los años cincuenta, la década en la que forjó su leyenda.

No es Violetta un papel nada fácil, aunque una absurda tradición lo haya convertido en la puerta de entrada de muchas jóvenes intérpretes al mundo de la ópera. Y no lo es porque tiene unas exigencias vocales cambiantes y muy determinadas. En el primer acto efectivamente hay una mayor coloratura, una oportunidad para que una voz lírico-ligera luzca y brille. Ahí la Callas coronaba la cabaletta con un Mi5 sobrecogedor. Pero a partir del segundo acto, cuando la tesitura entra en un terreno puramente dramático, la cosa cambia. El centro empieza a ganar presencia, y alguna bajada al grave comprometida. Aquí, las soubrettes o jilgueros de turno naufragan, incapaces de dar sentido al drama verdiano. La prueba del siete es el “Addio al passato”, el lamento que la ya enferma Violetta hace de su vida, o el dúo “Dite alla giovane” junto al barítono.

Cuenta la historia que cuando Verdi estrenó “La Traviata” en la Fenice de Venecia fue un tremendo fracaso. El público no se creía que la rolliza Fanny Salvini-Donatelli pudiera encarnar a una tísica moribunda. Al año siguiente se contrató a otra soprano, Maria Spezia-Aldighieri, para aprovechar el éxito arrollador del siguiente título verdiano, “Il Trovatore”. En esta ocasión no hubo dudas, y “La Traviata” cosechó fabulosas críticas. Verdi le venía a decir a un amigo en una carta: “Esta Traviata es la misma que la que no gustó el año pasado, pero bastaba cambiar la soprano”. Hoy, esta historia inmortal de un amor imposible forma parte del imaginario colectivo.

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