En mitad de la tempestad

Arrecia con dureza la tormenta en Compostela. Me parece escuchar incluso las trompetas que anuncian el Apocalipsis, en mitad de este tenebroso festival de viento, agua y truenos. Y a este humilde individuo sólo le apetece esconderse debajo del edredón y la colcha, al amparo del calor de la cama, y escuchar a Delis, Vaughan Williams y Elgar, los sinfonistas británicos más importantes del primer tercio del pasado siglo.

Esquivo el día a día en busca del ansiado fin de semana, necesitado del siguiente puente de comienzos de noviembre, para instalarme en la preciosa nada, en la dulce pereza. Quizás así me sacuda este frío que parece haberse colado en mis huesos, y que me hace estremecer, sólo comparable con los escalofríos que me producen los recuerdos de las alcachofas que me obligaban a comer de niño. Uno de los avances más importantes es que ya sé decir en italiano “i carciofi mi fano schifo”, lo que resolverá cualquier tipo de duda a este respecto cuando regrese allá.

No sé si tanta agua le vendrá bien al castaño. O quizás es que no crecía tan bien como yo pensaba. Con lo hermoso que lucía… Me tiene preocupado.

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