Otoñeamos

En aquellos dibujos animados algo esquizofrénicos que eran los “Looney Tunes”, era corriente el gag de que en mitad de un territorio se pasara del día a la noche cruzando una línea en el suelo. Sin transiciones ni mandangas. Como si fuera una frontera administrativa, de esta raya para allá es noche cerrada, y de la misma para acá es un día radiante, luminoso y asfixiante de calor. Es sorprendente que nunca nadie sometiera a un examen psicológico a los guionistas y animadores de aquellas pildoritas infantiles de Bugs Bunny o el Pato Lucas. Por cierto, no se llamaba Lucas sino Daffy. Me pregunto de quién sería la idea de apostolizar al pajarraco.

Algo así ha pasado en Compostela con el otoño. De golpe, ha entrado por la ventana de un día para otro. ¿Quién quiere periodos de adaptación? Ayer un sol brillante, hoy una nube cargada de viento y lluvia que nos anuncia que hemos cambiado de estación. Y que no hay vuelta atrás, señora. Adaptarse o morir, es el lema del clima compostelano. Hay que levantarse de este directo al mentón, o hay riesgo de andar con los biorritmos alterados hasta que vuelva a salir el sol, previsiblemente en mayo.

En cualquier caso, otoñear es una actividad placentera, porque aunque hay que cuidar remojadas insospechadas, todavía no ha llegado el tiempo de la bufanda. No deja de ser el inicio del viaje por las temporadas frías, que nos habrá de conducir hasta la próxima primavera. En esta idea del viaje incido hoy, con una canción precisamente del “Winterreise” schubertiano, en la voz inconfundible y aterciopelada de Dietrich Fischer-Dieskau, uno de los más grandes liederistas del pasado siglo. Es su “Gute Nacht” (“Buenas noches”), con el que comienza este viaje de invierno, las canciones para piano y barítono en las que Schubert puso música a poemas de Wilhelm Miller. Son una excelente compañía para ver, desde la ventana, cómo llega el frío. Y sin embargo, el castaño luce más radiante que nunca.

Como un extraño llegué
y como un extraño me marcho.
Mayo me agasajó 
con ramos de flores.
La doncella habló de amor
su madre , incluso de matrimonio...
Ahora el mundo rebosa tristeza
Mi camino está cubierto de nieve .

Para mi viaje 
no puedo elegir el momento. 
Debo hallar mi senda 
en la oscuridad.
Una sombra baga a la luz de la luna
Es mi compañera.
Y en los blancos campos 
veo huellas de animales salvajes.

¿Por qué habría de quedarme 
para que se me echara?
¡Que los perros perdidos aúllen
frente a la casa de su amo!
Al amor le gusta vagabundear...
Dios lo hizo así...
Iré de una a otra.
¡Buenas noches , querida mía!

No alteraré tus sueños .
Sería una lástima que no durmieras.
No sigas mis pasos...
Cierra suavemente la puerta.
Al pasar,
escribiré en tu puerta:
"buenas noches".
Así veras que he pensado en ti .
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