La buena gente existe

Después de comer pongo la tele para echar la cabezadita. Qué quiere, señora, Santiago no es Ourense pero el calor aprieta. Lo mejor para el cuarto y mitad de ronquido de sobremesa eran los berreadores profesionales del “Sálvame”, con sus ajustes de cuentas, sus zafiedades, su escombrera, su ventilador lleno de mierda. De tan aburrido que es, hace que a uno le entre un sueñecito muy reparador.

Con esto de la Vuelta, el canal para la siesta es la televisión pública. Pero ahora dormir se me pone más difícil, porque estoy muy sorprendido con el programa “Entre todos”. Profunda y gratamente sorprendido. Tiene una mecánica muy parecida a la de un telemaratón de aquellos de los noventa, donde se recaudaba dinero para las ong’s de niños africanos, o guatemaltecos, o del Bután. En esta España de la crisis, los necesitados no viven en el Tercer Mundo, sino en el bajo, y nos cruzamos en el ascensor con una madre que no tiene para darle de comer a sus hijos, o un hombre en paro y sin recursos que debe atender a sus padres mayores y con una discapacidad. Terrible. Es la realidad que no vemos. Pero que pasa.

El programa se nutre de las minúsculas ayudas (que acaban siendo gigantescas) que todos los ciudadanos anónimos prestan a quien pide auxilio en una situación límite. La buena gente existe. La solidaridad no es un mito. Y lo que para mí es más importante: la sociedad civil es capaz de dejar atrás los odios que algunos alimentan día a día para humanizarse y organizarse por un bien común. Qué hermoso es poder ayudar con poco y hacerlo, sabiendo que eso es lo que nos gustaría que hicieran con nosotros si sufriéramos padecimientos. Emociona ver a gente ayudar de manera desinteresada. Incluso hace olvidar que se está rozando el amarillismo, al jugar con los sentimientos de personas necesitadas.

Esto debe ser la televisión pública, aunque el programa se haga a través de una productora que está haciendo caja y de la buena. Y qué delicia es escuchar a una presentadora con acento andaluz que no parece una analfabeta como otras que pululan tristemente por la televisión. El habla de mi tierra es preciosa si se cuida. Por cierto, el programa arrasaba en audiencia en Andalucía. Abajo no seremos los más ricos, pero somos buena gente. Créame, señora.

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