De un tirón

Sólo hay dos tipos de libros que te lees de un tirón, casi sin parar a beber agua. En parte porque si lo haces, tendrás que ir al baño. Y eso sería una intolerable interrupción del ejercicio lector. Lo que decía, que sólo hay dos tipos de libros de esos: los muy malos o los muy buenos. Los primeros no los puedes dejar, porque eres consciente de que el más mínimo respiro será un abismo insalvable para regresar al sufrimiento de sus páginas. Más vale acabar con esto pronto que prolongar el padecimiento, te dices. Son esos libros que como salgan de la mesilla de noche, sólo pueden acabar en la estantería de los olvidados.

Luego están los otros, los muy buenos. Esos los devoras porque te están inyectando la droga necesaria para sentir placer lector. Incluso a los que somos lectores voraces y chatarreros, parafraseando al amigo Tallón. A él quería ir, porque acabo de concluir su última novela, “El vater de Onetti”. Un título que sólo se entiende si se lee el libro, como podrá suponer, señora. Y usté sola se dará cuenta, pasadas no más de diez páginas, que será otra pequeña anécdota que no ocupará más de dos párrafos. Y verá que tiene sentido.

Tallón no es un novelista. Creo que es un narrador de cosas. Y las amontona, les da una forma, las hace fluir a lo largo de las páginas, y dentro de ellas esconde una historia. Que acaba siendo un ruído de fondo al que de vez en cuando prestas atención, pero que no puede competir con la música de los pequeños detalles, esos sin los cuales no existiría la literatura de Tallón.

Casi como le dijeron dos editores madrileños que leyeron su anterior trabajo, “El caso Aira-Bolaño”, en esta novela hay más de él y menos de otros. Y eso, personalmente, me gusta. Porque como decía un amigo mío, “cuando se está citando constantemente a un tercero, es que uno no tiene nada que decir de su propia cosecha”. Si algo no creo es que Tallón no tenga nada que decir.

“El vater de Onetti” es un estado de ánimo, es una sensación de lectura plácida, que no busca cambiarte la vida. El autor no tiene esas pretensiones. Cuenta lo que sabe, lo que puede, lo que le sale. Es un ejercicio de honradez. Otros ni pueden ni saben y sin embargo te quieren hacer creer que conocen conspiraciones de grupúsculos oscuros para acabar con el fin del mundo. Súmese a este estado de ánimo. La sonrisa la tiene garantizada.

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