Rememorando

Debió ser más o menos en estas mismas fechas del año pasado cuando el humo comenzó a disiparse. Quizás fue un poco más tarde cuando noté su ausencia definitiva, pero tuvo que ser alrededor de mayo cuando su aroma inconfundible dejó de acompañarme. Un año ya. Cómo pasa el tiempo. Desde entonces, la vida ha seguido, a tirones, con sus días de sol (escasos) y las largas temporadas de lluvia, exterior e interior. ¿Qué ha cambiado? Pues todo y nada.

Todo ha cambiado porque hemos pasado una página de la vida, desde luego una de las más importantes y trascendentes, pero la hemos pasado. Hemos dejado de combatir a la nostalgia, una peligrosa planta opiácea, que nos impide una percepción adecuada de la realidad y nos mantiene en un duermevela sentimental bastante estéril. Quedan los recuerdos, sólo los buenos, porque ese es el único patrimonio que conservamos en verdad las personas. Todo ha cambiado porque hemos escapado ocasionalmente a la Noche para sucumbir a sus encantos, cuando antes nunca existió esa necesidad. Todo ha cambiado porque está asumido que la ráfaga que se llevó el humo no lo traerá de vuelta. Descorazonador pero tranquilizador. Al menos ya sabemos a qué atenernos.

Y nada ha cambiado porque seguimos siendo la misma persona, con nuestras filias y nuestas fobias, con nuestras grandezas y nuestras miserias, durmiendo en el mismo lado de la cama, escuchando la misma emisora de radio, viviendo en la perpetua ruina y esperando lo mismo de la vida. Nada ha cambiado porque tenemos las mismas inquietudes, porque seguimos sabiendo qué queremos de las personas, qué las hace atractivas y qué no. Nada ha cambiado porque el canon del humo sigue vigente, aunque ya no haya humo ni lo vuelva a haber nunca más.

Es este un post que no le interesará a nadie, absolutamente a nadie. Lo sé. Pero estoy seguro de que alguien lo leerá, lo entenderá y sonreirá. Es un consuelo.

3 comments

  1. Hace dos años me vi obligado a cambiar el lado de la cama. Ha sido el cambio más importante en mi vida. Todavía no me he repuesto. No creo que lo haga nunca. Hasta que un día me harte, y vuelva a mi casa, a mi cama y a mi esquina. Olé.

    1. El día que lo haga, necesitará echarse unos gintonics. Ya sabe dónde me tiene.
      Por cierto, haga el favor de señalarnos el día en que debemos ir a las librerías a comprar cierto libro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s