Desánimo

Cunde el desánimo, la desmotivación. No puedo culpar a la sociedad, señora. Porque seguramente usté ya está absorbida por esta vorágine depresiva que nos reconcome, viendo por ejemplo como su hijo el pequeño, que tan buenas notas sacó en la universidad para licenciarse, no encuentra trabajo. De la remuneración decente ni hablamos, porque sería una cosa sin sentido. Incluso a los que no nos va mal, los afortunados que tenemos un trabajo y una mínima estabilidad, nos vemos arrastrados hacia ese torbellino de depresión generalizada. Es difícil oponer resistencia.

Lo es porque la luz se fue hace varios años, y no vemos que haya llegado todavía el técnico a reparar la central electrógena. Lo es porque se le llamó con insistencia el pasado noviembre de 2011, y se le extendió un cheque amplio para que empleara las herramientas que considerara necesario. Lo es porque la bombilla ni siquiera emite ligeros destellos de que la corriente ha vuelto al edificio.

Apenas llegan voces del exterior que dicen que la luz volverá en algún momento. Pero aquí dentro, sin luz, la nevera falla y hay quien no tiene para comer porque se ha estropeado el género. Con el hambre llega el nerviosismo, la tensión, la desesperación. Y con todo esto, la pérdida de la razón. Sin razón, no somos más que meros animales que nos movemos por impulsos. Impulsos primarios.

Pero la pesadumbre es todavía mayor porque aunque en la guía telefónica hay otros muchos anuncios de electricistas, algunos estrambóticos, otros con descuentos oportunistas, muy pocos con apariencia seria, uno al que se llamó en el pasado y que dejó la instalación hecha unos zorros, ninguno parece tener la clave para que volvamos a tener luz. Y en la oscuridad, ya se sabe, todo tiene una óptica distinta, e imperan otras actitudes, otros comportamientos, otros hábitos, que a plena luz serían sencillamente inaceptables.

Este pobre crooner también siente ese desánimo por días, se lo reconozco, señora. Es difícil estar bien. No le sale a uno del cuerpo. Tampoco ayuda que tengamos un pie en mayo pero siga en la percha el abrigo de enero. Menos mal que a veces sale el sol. Y otras veces, tenemos el cielo despejado.

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