Zaccaria

El personaje de Zaccaria, el sumo sacerdote de Jerusalen, es uno de los más trabajados del que fue el primer éxito en la carrera de Verdi. Las luces suelen centrarse en la dificultosa y deslumbrante escritura del rol de Abigaille, o en las piezas heróicas del protagonista de la ópera, el fiero Nabucco. Acaban siendo los más aplaudidos en el momento de los saludos finales, sobre todo si los intérpretes acompañan. Zaccaria es un personaje de un enorme simbolismo, porque a través de él habla el oprimido pueblo hebreo, que a su vez tiene sus momentos de expresión como en el archiconocido coro “Va, pensiero”.

Desde la primera escucha que uno hace del “Nabucco”, se le queda grabada a fuego la escena inicial, en la que el bajo de turno se debe enfrentar a sus dos piezas, el “Sperate, o figli” como cantabile, y la posterior cabaletta, “Come notte a sol fulgente”, que exige indefectiblemente sus variaciones en la segunda estrofa. Cuando uno se encuentra alguien del inmenso talento de este Samuel Ramey, no puede sino repetir una y otra vez la exhibición de medios y de audacia del bajo americano. Un lujo.

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