Jarabe

Este post creo que está emparentado con alguno que escribí hace algunos años. Pero aun así, incluso sin ser 100% original, voy a darle una vuelta. A ver qué sale.

Me causa una molestia profunda un tipo de anuncios que recurrentemente pueblan la televisión. Son los de los sucedáneos de la leche. El líquido es igualmente blanco, la espesura parece similar, y en su origen, probablemente salió de la ubre de una vaca. Fin de las similitudes. Porque como afanosamente se empeñan en aclararnos las distintas marcas comerciales, no tiene lactosa, no tiene grasas, le han incorporado unos polvitos de calcio, de omega3, de soja (ignoro si transgénica o no) y puede saber incluso a nueces. Pero lo importante es que tenemos que tener claro que hay que beberla mucho, porque es sanísima. A quién le importa que sea natural o no, o cuántas horas de laboratorio lleva a cuestas. Es sana y punto. No discuta con los individuos esos de la bata blanca, señora, no me sea quisquillosa.

Ya sé que usté, que ahora está de portera en este edificio pero que en su niñez se crió en un pueblo, consumía leche de la de toda la vida, de la que repartía el lechero después de ordeñar al bicho. Y que su madre, al igual que hizo su madre y así sucesivamente, hervía en un cacillo el liquido para garantizar la salubridad. Por no existir, ni existía la nevera de aquellas. La ciencia no había alcanzado el milagro de la uperización (o ultra pasteurización), que se limitó a hacer el mismo hervido pero de una forma algo más clínica. Qué raro sonaba aquello de la “leche UHT”. Parecía un canal de televisión.

Ahora todo aquello es la Edad de Piedra de la leche. Y esto de ahora debe ser el Renacimiento, con la leche sabiendo a jarabe. Son los tiempos donde queremos margarina que sepa a mantequilla, que la cerveza no lleve alcohol, que las sandías sean cuadradas para entrar en el frigorífico, que las hamburguesas sean de vacuno y que los cerdos huelan a violetas. Voy a esperarme al Barroco, para que la leche sea lo que siempre fue, y te la bebas con su grasa y su sabor, para que te siga dejando ese bigote blanco que no es sino una marca del gustazo que daba ser natural.

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