Sistemas

Da miedo encender la televisión. Tampoco sé si la sensación exacta es miedo, porque hay trazas de asco y hastío. Hoy, la telebasura no está en los realities sino en los programas informativos, y no por su formato, sino por los contenidos. Pensábamos que España era una montaña de hormigón armado y ladrillo, fruto de la burbuja inmobiliaria sobre la que asentamos nuestro ficticio crecimiento económico. Pero a la vista del carrusel de escándalos que nos sacuden en los últimos tiempos, esto más parece un vertedero, donde algunos avispados han hecho mucha caja.

Casi como consecuencia natural, se alzan las voces siempre nobles que alertan contra lo fallido del sistema. Es la forma técnica que tienen de hablar sobre la democracia. “El sistema”, a modo de programa de software sobre el que se construye el normal funcionamiento de un ordenador. Cuestionar el sistema sólo tiene sentido si alguien plantea alternativas. Hasta el momento, no conozco ninguna mejor al modelo actual. De hecho, en España hasta hace 38 años “disfrutábamos” de una versión bastante rácana del “sistema”. Faltaban las actualizaciones relativas a derechos y libertades civiles. Parece que a algunos eso les parece banal, porque lo importante de veras es meter a todo el mundo en la cárcel. Y si además lo violan siete enfermos de SIDA en prisión, mejor. La calle quiere sangre. Y no, no son trabajadores de unidades de transfusión.

Creo que no falla “el sistema”. Más claro todavía. La democracia no falla. Nunca. Quienes fallamos somos las personas, porque estamos compuestas por buenos y malos sentimientos, porque somos corrompibles, absolutamente imperfectos, capaces de hallar vacunas contra la polio y de construir la bomba atómica. Las miserias humanas no son únicamente interiores, sino que pueden ser exteriorizadas y colectivizadas. La corrupción no es un concepto legal, sino moral e íntimo. Y dará igual los parches que establezcamos en nuestro “sistema”, porque mientras haya humanos a su custodia, existirá la posibilidad de la trampa, de la picaresca. Así nos parieron, y así llegaremos a la caja de pino. Ese “sistema” sí que no falla. El reino de los cielos parece funcionar a la perfección. Yo no sé usté, señora, pero no tengo la más mínima intención de conocerlo por el momento.

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