Jódase

El padre de un buen amigo me reprendió una vez cuando le deseaba a un jefe que cobrase la miseria que percibía yo para entender mi situación. Me miró, negó con la cabeza y me dijo “te equivocas de objetivo, lo que debes es pretender ganar lo mismo que él, no que él gane lo mismo que tú”. Una lógica aplastante, sensata, sabia. La suya, claro, no la mía. Porque la de quien escribe respondía al principio del rencor y la envidia que está matando a esta sociedad, que prefiere repartir miseria a aspirar a mejores cotas. Somos así. Cuando alguien lo pasa mal, no procuramos que salga del bache, sino que nos congratulamos con esparcir su miseria para que todos estemos igual de jodidos. Nos gusta el mal de muchos, consuelo no ya de tontos sino también de mucho titulado universitario y político en ciernes.

Así vamos, señora. Sin excepción. Si hay un conflicto laboral con los trabajadores del tren o la sanidad, la solución es adoptar medidas que hagan peores las condiciones de todos sin distinción. “A mi me bajan el sueldo, pero yo a usté lo jodo”, vienen a decir. La falta de respeto, el escupitajo en la cara de quien no tiene responsabilidad, la patada en el trasero al ciudadano, es el mecanismo de defensa por sistema. La forma que tenemos de reivindicar es hacer la puñeta al vecino, no porque él tenga la solución, sino porque enfadándolo buscan cómplices con los que aumentar el volumen de la protesta.

El ansia por joder como norma está pervirtiendo nuestra sociedad. Deturpa cualquier perspectiva razonable que se quiera instaurar para hablar de los grandes temas. Cierto que seis millones de parados generan una lógica simplista altamente destructiva, y que hay legitimidad para el enfado. Sería inhumano si lo negara. Pero no perdamos el punto de vista. Ahora hay que congraciarse con la masa enardecida y que en cada decisión haya una dosis de sufrimiento para todos, una distribución de cargas que no nos hará mejores, ni siquiera más competitivos. Pero sí nos hará más felices, porque todos serán igual de miserables que nosotros. O al menos algunos.

2 comments

  1. En mitad de una frustración insoportable, ¿nunca le ha dado una patada a una lata de coca-cola vacía, que pasaba por allí? No surte ningún efecto, pero se queda uno tan agustito después del puntapié.

  2. El desahogo concreto es una cosa, la manía persecutoria es otra. Dado que conoce bien el concepto, no es lo mismo ir una vez a un club nocturno por necesidad imperiosa que sacarse el bono mensual.

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