Reseteo

Partamos de la base de que cuando uno se levanta con mal pie un día, y la situación de miseria se prolonga durante varios días hasta tocar fondo, lo más normal es que llegue un punto en que no se pueda caer más y lo único posible sea levantar cabeza. Algo así ha pasado con el cambio de año. Un espantoso fin de diciembre ha dado paso a un enero con posibilidades de mejora, aunque sin excesos de confianza. Aquí incluso ha salido el sol. Lleva dos días refulgiendo y secando charcos, que tras una semana lloviendo sin parar, había convertido la ciudad en una especie de pantano interminable. ¿Ha cambiado algo de entonces a ahora? Pues no, en 48 horas la vida rara vez da giros de esos copernicanos que nos catapultan de un estado de ánimo al opuesto. Acaba siendo como un dolor de cabeza o una migraña, que tan pronto viene como se va. No hay explicación. O puede que sí la haya, y que el principio del fin sea el momento en que te sientas y expulsas las miserias a través de esta bitácora. Ya lo digo siempre, es el mejor diván que conozco. Y el más barato, sobre todo desde que no tengo una pareja psicóloga.

¿Qué le pedimos a este año? Un servidor, poca cosa. Cuando pides corres el riesgo de que el destino no te provea de las cartas necesarias para hacer una buena jugada, y por tanto, vayas de chasco en chasco. Es más fácil y simple dejar que todo vaya sucediendo a tu alrededor, y llegado el momento, dar un paso adelante, subirse al tren que ya esté en marcha. Planificar la vida es alimentar fracasos futuros. Lo único que hago a más de una semana vista es comprar entradas de ópera. Y la crisis va a recortar este noble vicio considerablemente. La frivolidad también tiene un límite, por cultural que sea. Siquiera para ir al teatro de la esquina.

Aunque en el fondo sí albergamos sueños para 2013. Pero ni siquiera los verbalizamos. Los escondemos profundamente, como mucho pensamos en ellos muy superficialmente. Porque nos decimos que descartándolos existe esa posibilidad de que la Ley de Murphy se aplique y los convierta en realidad. Sobre todo los que no dependen de nosotros. Un razonamiento tan estúpido como otro cualquiera. Así somos, reseteamos nuestros pensamientos con el nuevo año pero siempre queda algo latente que resiste. Quizás porque no se alberga en la cabeza. Qué idiotas somos.

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