Tormenta

Por fin se acaba 2012. Un año especialmente tormentoso. Quizás por ello aquí lleva lloviendo la mitad del mes de diciembre. Una última borrasca para enjuagar todos los recuerdos de estos doce meses, centrifugar lo que hemos vivido y dejar el campo expedito para volver a sembrar. Carpetazo a un año triste, que acaba mucho peor de como empezó, porque lo hace en soledad. Y con algunas convicciones que no hacen sino prever que esto siga así mucho tiempo. Se agotan las frases de ánimo que nos damos a nosotros mismos, caduca la voluntad de no mirar atrás y hacerlo siempre adelante. Y son estas repugnantes fiestas, presuntamente familiares, las que acentúan estos pensamientos negativos.

No soy justo. Lo sé. Porque podría tener infinidad de razones por las que salir hoy de fiesta y acostar a las puñeteras estrellas. Pero tendría que obligarme. Y no estoy por la labor. Cada uno de nosotros se debe tanto a sus fortalezas como a sus debilidades. Nuestras miserias nos dicen también cómo somos, quiénes somos y por qué. Así que forman parte del patrimonio personal, y como las mías no las pago a crédito sino que las tengo bien amortizadas, no pienso renunciar a ellas.

Así que para esta noche, poca o ninguna alharaca. Casi mejor esperamos que pase pronto el tiempo, que ya sea 2013, que sea 10 de enero y que se apaguen los adornos navideños de las calles y los altavoces con villancicos. Aunque sí que me apetece un buen pedazo de roscón con nata, señora, se lo confieso.

Ahí está Dickens para despedir la tristeza, seguramente porque en sus historias hay gente que es feliz con infinitamente menos, a pesar de tener seguramente más razones para el desencanto. Hoy no tengo el día ni para la lírica. Debe ser la tormenta. Puñetera memoria.

3 comments

  1. Llegué a pensar que se iba usted de 2012 sin dar su último do de pecho. Ha cantado, por así decir, la gorda. Me gusta que aprecie como se merece el valor de las miserias. En el fondo, son nuestras cicatrices. Por escondidas que estén, nosotros sabemos que están ahí. Son nuestro secreto guardado y podrido. Nunca se curan. Estemos a bien con ellas. Como verá, hoy estoy optimista. Le deseo un gran año, y salud, para que podamos seguir disfrutando de su blog. También forma parte de las cicatrices de sus lectores. No me apetece curarme de las mías, así que siga escribiendo. Feliz Todo, compañero!!!

  2. Las miserias son las que nos recuerdan que estamos vivos, que somos imperfectos y que somos humanos. Alguien sin miserias es infinitamente pobre. Nos seguiremos leyendo en 2013, descuide. Ya sabe que me pueden las sonatas para teclado. Incluso puede que lea a Thomas Mann.

  3. Por cierto, querido Tallón, una corrección técnica: el “do de pecho” no existe, porque es una nota que ya se emite en resonancia “de cabeza” desde el primer tercio del s. XIX, cuando Duprez dejó de emplear el falsete a partir de lo que se conoce como el pasaje de la voz. Es más, cuando un tenor da el do4 en resonancia de pecho, su carrera va a durar bien poco.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s