Formas

Leer el blog el amigo Tallón siempre es un regalo para los sentidos. Y desde que le descubrí una versión en esa lengua minoritaria y casposa que es el castellano, es casi obligado. Pero al contrario que esta bitácora chuminosa y caprichosa, errática y volátil, a Tallón hay que leerle con calma, con paciencia, paladeando su prosa juguetona, con un pie en sus experiencias como lector y otra en su universo personal, ese que sospecho que es todavía más ficticio que las batallitas de su biblioteca. He ahí su gracia. Supongo que de mayor querré escribir como él, porque es un pequeño lujo que regale sus pensamientos urbi et orbe. Otros con menos (y por menos) cobran bastante más. Eso de la herencia periodística marca el ADN de la pobreza.

Pongo a Tallón como ejemplo de fondo y forma. Cuenta cosas interesantes (salvo cuando quiere ser político y entonces me aburre) y de un modo atractivo, que te hace comprarle su historia y seguirla hasta el punto final. Suele ser un final justo, exacto. Ni palabra más, ni menos. Y sospecho que no será fácil. Un literato se dirigía a un amigo por carta disculpándose por el hecho de que la misiva consistiera en varios folios, ya que “no tuve tiempo de ser más conciso”. Así que no crea, señora, que la brevedad es sinónimo de falta de ingenio. Bueno, en mi caso sí, pero a mí no me tenga en cuenta. No valgo para comparaciones.

Ocurre con otros individuos que o bien malgastan grandes historias con fórmulas narrativas que abiertamente me espantan, o bien envuelven en una funda fascinante argumentos banales que me importan un pimiento. Esto último es lo que más pena me da, que alguien que sabe contar cosas nunca encuentre nada interesante. Me ocurre con Garci demasiado a menudo. Tanta cursilería es un desperdicio de celuloide, aunque todo esté tan cuidado y tan milimetrado. Es como hacer foie trufado con el hígado de una rata. Puede ser peor lo otro. ¿Se imagina mezclar un Vega Sicilia con casera? Por eso el equilibrio es tan importante en la literatura. Por eso escribir no es cosa de agarrar el folio y mancharlo sin más.

Por eso, un servidor no escribe.

3 comments

  1. Puede imaginar lo que agradezco tus palabras, Martin. Permíteme que te tutee por una vez. En cuanto al aburrimiento que causo cuando escribo de política no puedo estar más de acuerdo, pero para resultar equitativo, confieso que el primer aburrido soy yo. Son las cosas que hay que hacer para que a uno le paguen a veces por escribir: aburrir a las ovejas. No tiene ningún sentido, pero es así. Cuando escribo gratis, que es el 95% de las ocasiones, me lo paso mucho más teta. Y los demás también. Sus palabras, pues, son un acicate para seguir muriéndome de hambre pero gozando. Como dijo Gila: “Me han matado al hijo, pero lo que me he reído…”. Un gran abrazo, amigo.

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