¿Después?

Aunque una comentarista del foro ha sacado gentilmente de su ignorancia a un servidor acerca de las profecías mayas, a uno se le queda la mosca detrás de la oreja. Porque todo se mueve en el terreno de la ambigüedad, del querer decir una cosa y su contraria, de albóndigas de carne o de pescado (que las hay, créame señora). El fin de una era, explican los estudiosos para referirse al acontecimiento que se avecina pasado mañana. A mí no me preocupa que esta se acabe, porque tras ver “Gandía Shore” y “Hombres, mujeres y viceversa” entiendo necesario resetear a la humanidad y empezar de cero nuevamente. Hemos tocado fondo cuando mandamos a los niños con chalecos antibalas a los colegios en prevención de futuros tiroteos. O cuando hay quien niega vacunas contra la polio a la población de un país aduciendo que es una operación americana para esterilizar a los ciudadanos. Lo cierto es que los telediarios dan razones sobradas para que todo se vaya a hacer puñetas. Y me fastidia, porque tengo entradas para la ópera en enero.

Con todo este fregao, no me había parado a pensar en el después. Párese, párese conmigo un instante. El sol se oscurece, llega el sonido ensordecedor que anuncie el fin de todo lo conocido, los mares arrasan la superficie del planeta y los que en ella habitamos quedamos en “modo avión”. ¿Y después? ¿Podremos gozar de un nirvana espiritual para contemplar cómo hemos dejado la Tierra? Me parece justo que como último castigo a nuestra soberbia como especie contemplemos las miserias que nos rodean, las injusticias que hemos justificado, las desigualdades que hemos fomentado. “Qué cabrones fuimos”, deberíamos entonar colectivamente. Unos más que otros, claro está, porque Alejandro Sanz tiene muchos discos de los que arrepentirse (todos, en mi opinión), casi tantos como libros Javier Marías o películas Goddard. ¿Morirse será como ver la realidad por la mirilla de una puerta? ¿O desde la celosía de un harén? ¿O a vista de pájaro, como los halcones?

No se crea que tengo especial interés en visitar paraísos o infiernos una vez deje de respirar. Pero sí podría dejar mi espíritu en un palco de un teatro, como aquel que el Fantasma de la Ópera ocupaba en el Palais Garnier. Prometo no molestar, no hacer ruido y apenas sumarme al coro de bravos cuando remate la función. O que pueda desplazarme etereamente de aquí a allá, y consiga conocer Italia y a sus habitantes. Y sobre todo, que me dejen mis recuerdos, tanto los buenos como los malos, porque son el único patrimonio que nos queda cuando la luz se apague.

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4 comments

  1. Me preguntó cuál será la fórmula a la que recurramos para introducir correcciones en la fecha maya, si la actual defrauda. Entretanto, estos días son de lo más divertidos: hoy me he hecho mi último par de huevos fritos, antes me he comprado mi último libro. Hoy jugaré la última partida al ajedrez, mañana probablemente caerá la última paja, o la penúltima, si voy bien de tiempo…

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