Mayas

Dicen que los mayas predijeron que a finales de este año, pasado mañana como quien dice, el mundo apaga la luz. Que se acaba el cuento, vamos. Fin. Cerrado por defunción. Chocante que estos avispados precolombinos vieran el fin de la humanidad pero no el exterminio de su civilización. Lo del ojo ajeno y tal, debe ser.
Lo gracioso de las profecías apocalípticas es que siempre encuentran cobijo en el mismo sitio: Estados Unidos. No hay paranoia global que los americanos no conviertan en teoría y, por tanto, susceptible de ser veraz. Da igual la verosimilitud o no. Pero lo mejor de todo es que incluso de la desgracia saben generar negocio. Ahora son los búnkers, que al parecer la gente construye (o manda construir) para esquivar el juicio final. Yo sospecho que si el planeta hace crack, un muro de hormigón reforzado no será suficiente para detenerlo. Y ahí le doy la razón, señora, cada uno se convence de lo que quiere.
Lo cierto es que no le encuentro gracia al hecho de creer en que todo se acaba dentro de cinco días, dos meses o año y medio. Es recurrente. Cada cierto tiempo las teorías apocalípticas vaticinan el fundido a negro global. En esta realidad gris en la que vivimos, tampoco es que eso nos asuste.
Ocurre otro hecho que considero relevante. Si los mayas establecieron el día 21 como el fin de todo, sospecho que lo harían sobre su huso horario. Se corre el riesgo de que el advenimiento del caos sea a eso del mediodía, que es la hora del aperitivo. Pero en Japón ya será día 22. ¿Podría entenderse eso como que Oriente ha esquivado el Apocalipsis? Nadie sabe resolver la incógnita.
Por si esto se acaba, aunque yo lo dudo (es más mortificante seguir vivo en este mundo que bajar la persiana), que la cosa me coja escuchando música, Verdi a poder ser. Con una copa en la mano y en buena compañía. Así le habríamos dado un sentido final a nuestro paso por el páramo. Un último minuto de color en una existencia en blanco y negro. ¿No cree, señora?

7 comments

    1. Le quedo infinitamente agradecido, querida señorita, por esta necesaria aclaración. Ya ve, al final somos los ignorantes contemporáneos los que encontramos derivas apocalípticas donde no las hay, hilando más fino de lo que debemos. Lo que sigue sin resolver es en qué consistirá la cuarta era de la cuarta creación. ¿Y si es un meteorito del tamaño de Plutón y abre un crater en mitad del Cáucaso? ¿O en Oregon? Parece que tendremos que esperar dos días!

  1. Me ha resultado curiosa la elección de Verdi para el fin del mundo, he estado sobre unos segundos preguntándome por el fragmento de qué ópera -claro que también cabe el Réquiem- y no se me ha ocurrido ninguno, me gustaría pensar en el Brindis de La Traviata; sin embargo, se me cruzó Wagner de pronto y ahí apareció el final del Ocaso. ¡Qué contraste de muertes! Una apolínea, la otra dionisíaca, ¿cuál preferiría yo? Creo que tendría que probar ambas antes de decidirme por una y como eso es imposible mejor esperarse al próximo vaticinio, mientras tanto a ver si me aclaro.

    1. ¿No ha caído en la frase final de “Rigoletto”? Mire que el jorobado la repite en el primer y en el último acto… Claro que eso pasaría por vestir de maya a Monterone y de bufón a la civilización occidental.
      Lo cierto es que si he de morirme de hoy a mañana, las tribulaciones de Triboulet me sirven para recordarme por qué me gustó la ópera mientras estuve vivo. Que mi primera ópera también sea la última. Todo muy poético, ¿no cree?

  2. Ya veo que si la muerte nos pilla cerca no discutiremos por el CD ha de ponerse cada uno, si es que cuando eso ocurra todavía quedan cedés.

    Creo que yo me quedo con el subidón de adrenalina que se produce, en algunas ocasiones -menos de las que me gustaría-, al caer el telón, ese sería el instante ideal para morir.

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