Vago

Es el ya clásico comportamiento pendular del filósofo de alcantarilla que se refugia en este blog. Basta que un mes exceda el cupo establecido de ideas para que el siguiente escaseen de la peor manera posible. Era previsible. Hay un ingrediente nuevo en forma de campaña electoral que distorsiona cualquier intento de reflexión, y lo empuja irremediablemente a anestesiarse en un libro. Son preferibles las palabras escritas por otro que las compuestas por uno mismo. Entre una cosa y la otra, parece que se abandona a su suerte al intrépido explorador que se adentre en el rellano de la señora. Yo le recomendaría que le echara un ojo a John Connelly. Novela negra zaina, sin resquicio para trazas de gris marengo. Y a la Segunda de Brahms por Giulini.

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4 comments

  1. Lo admito. Esta excedencia en la que me encuentro no suple las borracheras entre mitin y mitin, las copiosas cenas de empanada y bocadillos, las charlas de barra de bar entre plumillas ni las ojeras resacosas del día siguiente.

  2. Yo, en cambio, no. Creo que el encanto de las caravanas ha muerto. Está todo tan calculado, que no puedes aspirar a hacer una crónica decente, sino como mucho una suma o una resta, como esos deberes que le ponían a uno en la escuela.

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