Pudores

La culpa es de los móviles inteligentes esos, señora. Se confirman las sospechas. Estás ahí haciéndole arrumacos a tu pareja, os quitáis la ropa en pleno frenesí sexual, y lo más normal es agarrar el móvil y hacer fotos. O vídeos. Que le pregunten a la concejala de Los Yébenes. O a todos estos famosos a los que les han publicado fotos en situaciones comprometidas. Ellos no querían, porque en realidad, su intención era quedar retratados felices y sonrientes en las redes sociales para gozo de sus seguidores, no mostrando un seno o haciendo el trenecito.

Vivimos tiempos de excesiva impudicia, y no por que aparezca una teta de más o una nalga de menos. Eso es una ridiculez puritana. Me refiero al ansia de protagonismo que nos rodea, y que las nocivas redes sociales han elevado exponencialmente. No eres nadie si no anuncias tu situación sentimental en tu cuenta del tuiter, o si no opinas de política o deportes. Es más, tienes la obligación moral de informar al universo cibernético si has pasado las vacaciones en Torremolinos, el Caribe o en los Ancares. Todos queremos pintar algo a nuestro alrededor, nos rebelamos contra el anonimato.

Nuestros abuelos pensaban distinto. El mío, al menos. Aplicaba aquello del “que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”. Es un canto a la prudencia, a la humildad, al pudor. A nadie le interesa qué haces, qué piensas, dónde estás o con quién. Porque cuánta más información proporciones, más te expones al juicio social, y sus sentencias son crudas. Nuestras vidas tenemos que vivirlas para nosotros, no de puertas para fuera. Esa es en esencia la diferencia entre el norte y el sur de Europa.

3 comments

  1. Joder, al final esa impudicia, esas ansias por proponerlo todo a través de las redes sociales es una evolución degenerada de la tertulia, con perdón para su condición de tertuliano.

  2. Cuando tiene razón, tiene razón. Es más, retomando un argumento suyo, la impudicia es el fruto de considerar que “cualquiera” no sólo tiene una opinión, sino que está lo suficientemente formada para ser emitida y gozar de valor intrínseco. No me llame clasista, pero la opinión de todo ser humano no tiene el mismo peso, por más que deba ser respetada. Échele un vistazo a los comentarios de las noticias en las webs de los periódicos, si no me cree.

  3. Esos comentarios son la heroína del periodismo. Ni me acerco a ellos. Si algún día usted pasa a caerme antipático, le recomendaré que los lea. Entretanto, como le tengo aprecio, le pido que haga lo mismo que yo. Los únicos comentarios decentes, dignos que pueden leerse, son los de este blog. Lo demás es… ya se lo he dicho, coño: heroína.

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