Soluciones

Hoy me disfracé de arqueólogo y rebusqué en el archivo de este blog. De vez en cuando lo hago, para reconfortarme pensando que hubo un pasado mejor, pero que también llegó a ser mucho más doloroso. Siete años y medio de historias dan para muchas reflexiones, señora. Albergo una duda respecto a todo en esta vida. Dado que creo que nuestro futuro, nuestro día a día no está escrito, tengo la convicción de que podemos lograr todo aquello que nos propongamos. Es decir, que existen hojas de ruta para que, saliendo de nuestra casa, podamos llegar a ser presidente de la comunidad de vecinos o tuitero de éxito. O consigas salvar una relación.

Esas hojas de ruta son las que poseen los inexistentes guardianes de nuestro destino. Son como los libros de soluciones de los juegos de ordenador. Te dirían a dónde ir, qué hacer y qué decir, en qué momento realizar tal acción o cómo reaccionar a tal otra. De alguna manera, sería traicionar al libre albedrío por el que nos regimos. Llegaríamos incluso a engañar con mayúsculas a quienes nos rodean, por cuanto nuestras acciones y afirmaciones no serían sinceras y espontáneas, sino fruto de la trampa.

Por eso, me quedo con una reflexión mía que hice hace más de cinco años en este mismo blog: “La palabra es el poder máximo, y cuando no conseguimos nuestro objetivo es que no hemos empleado las adecuadas”. Porque en el fondo, la mayoría de nuestras victorias y nuestras derrotas siempre dependen de nosotros mismos. Apúnteselo, señora.

6 comments

  1. Nos vamos entendiendo: no es posible la comunicación total, perfecta. Sólo una aproximación. Por otra parte, defiendo la ausencia total de hojas de ruta. Esta impide la posibilidad de la pérdida, el extravío, que en mi teoría es una fase imprescindible del camino. Mi consejo, humildemente, es que se deje de hojas, incluso de mapas, y se compre una brújula. En la vida basta saber por dónde queda aproximadamente el norte. Después, se trata de ir tanteando a ciegas los caminos.

  2. Usté en el fondo es un romántico. Cuando nos perdemos, tenemos la oportunidad de disfrutar un segundo de felicidad en el instante en que creemos haber encontrado el camino de vuelta. Cuanto más nos perdemos, más instantes acumulamos. Revístalo como quiera, pero es un cierto romanticismo apático.
    En lo de la brújula disiento. Nunca creí que el norte fuera la dirección de referencia.

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