Letanías

Conforme pasan las horas y los días tras el tsunami en forma de anuncio matrimonial, vamos ganando perspectiva. Las aguas se retiran tras arrasar todo a su paso, y la bajada de la marea muestra los restos del desastre. Las primeras impresiones se mantienen. No hay nostalgia. Tampoco hay depresión ni envidia, entendida en su sentido literal. Y el sentimiento de ausencia está muy matizado, casi neutralizado por una cruel resignación. Poco hay que hacer cuando los acontecimientos dependen del libre albedrío de terceras personas y se escapan al control de uno mismo.

El libre albedrío es como el humo, inabarcable, incontrolable, impredecible. No sabes por dónde va a salir porque ignoras de dónde sopla el viento en cada instante. Sin excesivas razones para el optimismo (me atrevería a decir que ninguna), uno siempre confía en que mañana saldrá el sol, y caliente mucho o poco, casi seguro dará luz. No es poca cosa en estos tiempos oscuros.

Mozart caduca. Larga vida a Schubert.

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