Azul pastel

La noche tiene consecuencias. Las resacas, más o menos dolorosas, son divertidas. Las consecuencias algo menos, porque inducen a reflexionar, a bajar de la peana de la frivolidad y darle una vuelta a las cosas. Se nos casa el azul. Sí, ese mismo azul que deambuló por este blog hace algunos años. Lo hace por firme convicción. Y un servidor se alegra inmensamente. Pero la noticia me ha dejado el cuerpo cortado, con un velo de tristeza extraño. No es lo que parece, señora. No estoy acunado en la nostalgia lamentándome por lo perdido y arrepintiéndome de mis pecados pasados. Aquella decisión estuvo bien tomada, y hoy hay dos personas que van a ser felices y comerán perdices, mientras que de seguir conjugando la primera persona del plural con el azul no me atrevería a mantener la afirmación.

La tristeza procede de la sana envidia. El azul, que sigue siendo generoso en sus sonrisas, afirma haber encontrado la clave de bóveda para su vida, el encaje perfecto de su puzzle existencial. Ya sé que es cuestionable que nuestras vidas dependan de una persona para ser feliz. Debe haber algo más, creo. Pero envidio a la gente que no experimenta, que no está por estar, que no se arroja a pruebas como alternativa a la temida soledad. Envidio a los convencidos, no a los convencibles. Y tampoco pierdo la razón por los formalismos matrimoniales. Me he vuelto escéptico por dentro y por fuera.

Y mi envidia es sólo fruto del fracaso, de tener la convicción de que el humo permitía alcanzar el estado más próximo al bienestar pero el binomio no despejó suficientemente bien las incógnitas. Purgamos nuestros errores, nos lamentamos por nuestras faltas, y nos convencemos de que lo importante en esta vida es ser perseverante. Es difícil mirar adelante cuando atrás quedan tantas certezas. Volvemos al cruce de caminos. Y mientras no puedo sino felicitar de corazón al azul por su aventura, detengo el paso. Cuando uno sabe lo que quiere, no es fácil encontrar componendas alternativas. Al final, todo se resume en que seguiremos andando sin rumbo fijo, a la espera de una señal. Si es que llega.

4 comments

    1. Tal vez esté saliendo hacia abajo. Yo a eso le llamo ahondar. Hay quien cree que puede huir de una mina sin oxígeno escarbando hacia el núcleo de la tierra. A mí eso no me convence. Entre que llegas y no pasan los siglos. Y ya ve lo que es la vida. No creo que llegue usted a los 140 años.

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