Maestros

De vez en cuando, revisitamos el pasado sin querer, sin darnos cuenta. En ocasiones, hasta lo revisitan otras personas por nosotros. No hace mucho, una profesora le confesaba a mi madre que me negaron un premio de narrativa cuando yo era un criajo (siete u ocho años, cosa así) porque aquella prosa no era propia de un niño de esa edad. En su justo juicio, el puñado de docentes que componía el jurado determinó que un infante de primaria debería ser abiertamente idiota, tonto del todo, y no debería saber hilar más de tres o cuatro frases sacadas de un dictado. En su suma maldad, los maestros llegaron a colegir que aquello no era obra mía en exclusiva, sino que había contado con ayuda paterna. Por tanto, había trampa y no merecía el premio. Y como además yo era “hijode”, sumaron dos y dos.

Lo cierto es que esta cabeza mía no tiene capacidad para retrotraerse tanto, y no quedaba ni rastro en mi memoria del susodicho premio. Aunque ahora hay otra cosa que me ronda. Y es qué hubiera pasado si aquella recua de ineptos (funcionarios, añado) hubiera dejado a un lado sus prejuicios y tomaran en serio el trabajo sincero de un chavalito. La profesora admitía que aquello era muy superior al resto. Ni me pregunte de qué iba la historia, señora. Pa tanto no doy. Pero piense por un momento que aquel premio hubiera servido de acicate, de elemento reforzador y motivador para seguir dándole a la tecla y la imaginación. Quizás hoy no sería periodista. Puede que, incluso, escribiese como mi amigo Tallón, aunque con menos vacío existencial.

Yo creo que necesita a Mozart como el comer.

2 comments

  1. Esa profesora, cerda donde las haya, es tan buen recurso para proporcionar sentido a las cosas que no lo tienen, en términos freudianos, como los órganos genitales. Yo no soy partidario, sin embargo, de buscar en la infancia las felicidades o las desgracias de la vida adulta. Simplemente porque me da una pereza descomunal. Hace todo tanto tiempo, y entre medias bebí tanto… Todos nos jodimos cuando quisimos ser periodistas cuando el periodismo ya no existía. La “posición editorial” siempre le desgracia a uno el estilo. Lentamente, y en silencio, todo se va jodiendo. Por fortuna, usted tiene sus óperas. A mí ya sólo me llena mi vacío. El sueño de alguna borrachera también me repone de vez en cuando. Fíjese, ya me basta con imaginar la borrachera, ni siquiera tengo que beberla. Creo que el país podría quedar perfectamente en manos de tíos como yo. Después de tanta doctrina en el poder, el nihilismo total. Dios… tendría que ver cómo saliveo.

  2. El nihilismo sólo nos igualaría por abajo. Y creo que toda aspiración debe pasar por igualarnos por arriba. Si no soñamos con mejorar…
    Curioso contasentido: sólo le llena su vacío. En serio, pruebe con Mozart. O con la música en general. O cambie de autores de referencia. Esos que usté gasta le minan a uno la moral. Stephen King no será nunca Nobel, pero entretiene. ¿Hay que hablar del existencialismo y las miserias humanas para ser escritor de prestigio (que no de éxito)?

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