Delitos

Apenas unas líneas, porque esto no lo quiero pasar por alto. Me preocupa la imagen que da la Justicia cuando un juez admite siquiera a trámite una denuncia contra Javier Krahe porque hace 34 años decidió grabar un vídeo casero (de dudoso gusto) en el que cocinaba a un Cristo crucificado, y que un canal de pago emitió tres décadas más tarde. La base, el Art. 525 del Código Penal, en el que el Estado se arroga la capacidad sancionadora sobre aquellas personas que ofendan a una confesión religiosa. Creo que sus funciones deben ser otras, todavía más en un país aconfesional (que no laico). Y me preocupa, porque al mismo tiempo son todo trabas para que se sienten en un banquillo los banqueros que dieron la orden para vender participaciones preferentes, producto financiero tóxico con el que han engañado a miles de ahorradores, entre ellos ancianos sin formación a los que tomaron el pelo abusando de su confianza. Contra la indignidad sí debe tomar posición el Estado; contra el mal gusto, que lo haga la opinión pública.

También digo: afortunado Krahe, porque si el vídeo consistiera en incinerar una figurita de Mahoma…

2 comments

  1. Creo que aún hubiera sido peor que no la admitiera. La consecuencia natural, si hubiera sentido común, sería el sobreseimiento de la causa.
    El problema de dejarle a la opinión pública que tome posición frente al mal gusto es arriesgado. Especialmente cuando la opinión pública no tiene muy claro eso de que las libertades públicas y derechos fundamentales son bidireccionales, o sea, el combate del siglo XXI, libertad de expresión /vs/ derecho al honor/libertad religiosa/ etc… Lo de la cultura del respeto no cuaja aquí, además de un potaje mental, que hace que criticar una religión determinada sea progresista y criticar otras, racista o xénofobo. Aún así, prefiero correr el riesgo y dejárselo a la opinión pública, el intervencionismo se lo dejamos a la señora nacida en la RDA.
    En cuanto a Krahe, me ha dejado mal sabor de boca su actitud casi ausente en el juzgado, abandonado a los brazos del olvido, no se acordaba nada, el. Pero luego en territorio amigo, preguntado por las personas que se pudieran haber sentido ofendidas, ahí ya, con complejo vitamínico, soltó algo así como “que pongan la otra mejilla”.
    Como diría mi abuela, después de cocinar, hay que dejar recogida la cocina.

  2. La opinión pública es una vieja puta puritana bipolar con alzheimer. Todo lo más que puede hacer es chillar y señalar, pero como se pasa todo el día juzgando a los demás, pasa el tiempo y se olvida de lo que hizo o dijo hace quince minutos. Es esa misma opinión pública la que ha elevado a categoría de gurú a un señor que quebró un banco y fue condenado por ello, la que en tiempos de pobreza se contenta con el mal de muchos, la que sería capaz de votar a Belén Esteban para el Congreso con tal de saber que tiene a una analfabeta reconocida para representarla, la que permanentemente vive en la superficie sin preocuparse de lo que pasa en el fondo marino.
    Krahe creo que está gagá. Sin más. Y la gente a esa edad merece cierto respeto, y que le dejen ganarse sus durillos con sus conciertos para nostálgicos. Hay que pagarse el paquete de cigarros y el coñac.

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