Triste

Las peores derrotas son aquellas que se imaginaron como incontestables victorias. No estoy triste por que anoche no se produjeran los resultados electorales esperados y deseados. Lo estoy, y profundamente, porque a mi tierra le ha entrado miedo al cambio, le ha temblado el pulso para cambiar la dirección que lleva desde hace 30 años. Los andaluces no han escuchado el grito de Blas Infante. No se han levantado. No han pedido ni tierra ni libertad. Han agachado la cabeza y se han resignado a lo malo conocido. Y en ese ejercicio de profundo derrotismo, de hastío social, yo no reconozco a mi pueblo.

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