El desencanto

Es curioso como en apenas 24 horas, un estado anímico puede hacer salir el sol en mitad de la tempestad, o convertir una canícula temprana como la que estamos viviendo en una lúgubre jornada de negros nubarrones. Incluso puede que en menos tiempo, si me apura, señora. El desencanto, la desgana, la apatía son infecciones emocionales que no tienen cura conocida en el mundo de la farmacología sentimental. Son incluso dolencias con un amplio poder de propagación, de contaminación a otros órganos y ámbitos vitales. Pueden pasar del trabajo a la familia, o de las amistades a la pareja. Baraje cualquier combinación posible con estos cuatro elementos, incluso una que los contemple a todos. No sé si hay algún cortafuegos que limite la expansión del desencanto, pero sí le recomiendo encarecidamente que se aleje de Debussy, señora. Su música es propensa a profundizar los estados depresivos hasta el infinito y más allá. Se me ocurre combatir el “blue feeling” con mucho Rossini, mucho Verdi y dosis infinitas de Donizetti. A golpe de cabalettas y concertantes se enjugan los malos ratos. Quizás no le harán sonreir, pero al menos le abandonará momentáneamente la sensación de levedad.

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