Pasiones y ocupaciones

Una interesante charla de coche. El tema en cuestión, la posibilidad de que el individuo se dedique como ocupación laboral a sus pasiones. ¿Cuál sería el problema? A priori, ninguno. No hay nada más favorecedor y estimulante que ganarse la vida con aquello que nos emociona y apasiona. En general, a mí me parece un privilegio que alguien se pueda dedicar a aquello que más le gusta. En términos generales, adquiere consideración de lujo, con los tiempos que corren.

No obstante, una segunda lectura arroja otras consecuencias. Dado que nada en esta vida es bueno intrínsecamente, que todo tiene un lado oscuro, una trastienda donde la línea de lo ético se transgrede en busca del interés personal, ¿acaso no sería posible que participar del gremio contaminase nuestra pasión y dejaramos de percibirla como tal? ¿No podríamos acabar asqueados de formar parte de aquello que antes nos hacía vibrar y sentirnos felices? ¿Y no sería eso terriblemente cruel y descorazonador?

Un arma de doble filo, en el que sólo resisten las morales distraídas, las personas sin prejuicios, las gafas de cristal de espejo.

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