Escatología, bis

Llevo dándole vueltas a la reflexión del post anterior. Está siendo una digestión larga del tema. He llegado a la conclusión de que hay gente que considera el empleo intencionado de los retretes para los alivios gástricos como un gesto de arrebato, de lucha contra la opresión del patrono. Vamos, que te cagas en la oficina pensando que lo haces sobre tu jefe y así demuestras lo duro, insobornable e independiente que eres como trabajador, lo desafiante que te vuelves cuando te sientes maltratado. La contraparte es qué pensará tu superior. ¿Acaso piensan que el director o el gerente de turno soborna a empleados chismosos para que le revelen estos detalles escabrosos de lavabo? ¿Hay alguien en la empresa que lleva la cuenta de las veces que los trabajadores van al baño y de si suena la cadena como elemento revelador del uso dado al pony de porcelana? ¿Los convenios colectivos regulan complementos salariales al chivato? ¿Se sentirán ofendidos los jefes si en el informe mensual aparece que el empleado 14.672 presume en la cafetería de ir a desaguar a la oficina?

Todo esto, señora, son dudas razonables fruto del análisis de una situación cierta, como es la expuesta en estos dos posts que tampoco pasarán a la historia del blog. Pero como hablan de váteres y culos y tal, pues es gracioso. Sí, ya sé que es patético intentar alargar la broma de la caca en el trabajo un post más, pero qué quiere que le diga, tengo el ingenio obstruido. La mala dieta, debe ser.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s