Y para el nuevo año…

…mi deseo es de continuidad. Así de simple. No hay nada que tocar en mi vida tras la mudanza integral de 2011. Entonces tocó redecorar trabajo, piso y vida emocional. Hecha la ímproba tarea, toca seguir por este dulce camino de baldosas amarillas, con desvíos a determinados destinos musicales, con noches llenas del mejor humo, con Beethoven y Verdi marcando el compás. Habrá, como es de esperar, ladrillos que estén rotos y que haya que sortear, incluso demandando a la concesionaria por mala conservación. Pero qué seria de nuestra existencia si todo se limitase a dar saltitos junto a Totó acompañado de tres monigotes y con una cesta para la merienda. En el octavo año bisiesto que me toca navegar, quedan muchos puertos en los que recalar, muchos libros por leer, incontables óperas por escuchar, cientos de copas que llenar. Al menos me produce una infinita satisfacción que lo haré con un rumbo fijo en el timón.

Oiga señora, saber a dónde se va no es mala cosa.

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