Aborrecer

Este post va con varios días de retraso. Exactamente, desde el primer día en que paseando por los pasillos del Hipercor tronaban los puñeteros villancicos. Horror. Cada año, la Navidad empieza antes. Y por esta cochina manía de intentar revivir el espíritu consumista que nos sobreviene en estas fiestas, nos taladran los oídos con los peces en el río, la campana sobre campana, el yo me remendaba yo me remendé, y demás composiciones tortuosas. Se los sufré además en unas delictivas grabaciones de voces infantiles, que me lleva a preguntarme qué clase de sucias artes se emplearon para engatusar a los nenes. A mi me suenan igual que las que escuchaba en mi niñez. Lo que me lleva a suponer que es la misma grabación de hace veinticinco años, entonces en cassette, ahora en cd, próximamente en Spotify. Lo rancio nunca caduca.

La variante andaluza es peor, con los llamados “villancicos flamencos”, que ya se los puede imaginar. Si no, en Canal Sur TODOS LOS AÑOS tiene cuatro horitas de artistazos arrancándose por ellos con su caja y su guitarra, y sus palmeros, y el belén, y una fogatita pa combatir el frío, y mucho ole y muche ele. ¿Qué haríamos sin la televisión pública andaluza? Inventarla, sin duda.

Y nada, aquí por el sur echando las navidades, en este balneario ya habitual, no todo lo corto que quisiera. Y supongo que por estos impuros pensamientos, me ha castigado la divinidad de guardia haciendo que me olvidara mi disco duro con música en Santiago.

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