Ah, non credea mirarti!

El aria final de “La Sonnambula” es uno de esos pequeños prodigios bellinianos. Compuesta por el autor para la diva Giuditta Pasta, y posteriormente interpretada magistralmente por otra estrella del belcanto como Maria Malibran, exige un completo dominio de la coloratura y de la respiración, para poder apianar sonidos y realizar un canto acariciador y delicado, tal y como exige el estilo. Originalmente pensado para mezzo-soprano, pero secuestrado por las sopranos durante el siglo XX, el rol de Amina ha pasado por las manos de fuoriclassi como Maria Callas, Joan Sutherland, o más hacia nuestros días, Edita Gruberova o Mariella Devia. De ésta última rescato una interpretación en Nápoles, para rendirle un merecidísimo homenaje fuera de ese papel por el que será siempre recordada, la Lucia donizettiana, que durante casi tres décadas cantó sin rival. Última señora de la escuela belcantista italiana, Devia sigue dando lecciones a día de hoy, emprendiendo retos como el Robert Devereux que debutará a sus sesentipico años en Marsella dentro de unas semanas. No ha habido Bellini ni Donizetti que se le haya escapado, y sus incursiones rossinianas no son tampoco menores.

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