Raskolnikov

“Crimen y castigo” es un desierto plagado de personajes atormentados, un torbellino de psicologías a cada cuál más retorcida, una escala de cero a mil desde la ingenuidad hasta la maldad. La prosa de Dostoievski te golpea, te zarandea y te pone de bruces con la realidad a través de reflexiones de su época válidas para la nuestra. Queda en un segundo plano la trama de la novela, porque no es sino una excusa para sentar en el diván a los míseros protagonistas de la historia, entre ellos, el inigualable Raskolnikov, el antihéroe por excelencia, febril y culpable, sereno y autocomplaciente. No es una lectura fácil, sino que exige además un determinado estado de ánimo, porque en caso contrario, se corre el riesgo de abrazar un profundo e irremediable desencanto con la raza humana solo solventable mediante antidepresivos. Lo que no quita de mi satisfacción por salir del amargo paraíso del best seller para adentrarme en el dulce cieno de estos rusos locos.

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