Medir los tiempos

Es curioso cómo el uso del tiempo cual elemento de una formulación matemática puede alterar los resultados de cualquier ecuación. Dos y dos no siempre suman cuatro si la variable temporal entra en juego. Y acaba convirtiéndose en la incógnita final de muchos enunciados de nuestra vida. De ahí que podamos llegar a conocer el resultado que queremos obtener, los mimbres con que debemos forjarlo, pero ignoremos cuánto habrá que esperar para alcanzarlo. No deja de ser perverso, sobre todo si no se tiene buena mano para la cocina. Nadie quiere platos crudos, ni pasados al fuego. No es lo mismo pedir perdón hoy que decirlo dentro de dos meses, como no tiene el mismo efecto felicitar un cumpleaños en su día que hacerlo con tres semanas de retraso. Las palabras son las mismas, pero su reflejo y consecuencias desde luego que no. ¿Y si a algunos se nos para el reloj?

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