Tosca, mi fai dimenticare Iddio!

 

El cruel barón Vitelio Scarpia, indiferente ante la iglesia en que se encuentra, maquina entre murmullos cómo pretende arrancarle a Tosca sus favores mientras da caza a su amante, el pintor Mario Cavaradossi. En sus palabras hay puro odio al fugado, lujurioso ansia y ferviente deseo por su querida, las más bajas pasiones. Entremezclado con su fabulación, un creciente Te Deum que entona el coro de Sant’Andrea della Valle, y que acabará por romper en una explosión de música y canto para bajar el telón del primer acto. Ahí, el aparentemente religioso Scarpia grita su confesión: “Tosca, haces que me olvide de Dios”. Sin duda, uno de los momentos más inigualables que regala la ópera, salido de las partituras de Giacomo Puccini. Y hoy, nadie lo canta como el galés Bryn Terfel, que maneja con increible soltura la teatralidad del personaje, la maldad que rezuma en gesto y palabra, la intencionalidad de cada frase, de cada acento. Emociónese, señora, que no es malo.

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