Mudanza finita

Aposentado en mi nuevo piso, echo la vista atrás a los ocho años vividos en el anterior, del que ya no me acuerdo cuando abro el grifo del agua caliente, me repantingo en mi nuevo chaisselongue, pongo el fregaplatos o subo en ascensor. Ya ve, señora, que parece que haya descubierto la tecnología y la comodidad treinta años tarde. La mudanza padecida ha merecido la pena. Y por si fuera poco, ahora tengo siempre donde aparcar cuando voy a la mina. Qué gustazo. Lo que me lleva a preguntarme qué umbral de penalidades debemos cruzar como seres humanos hasta rebelarnos para mejorar nuestra calidad de vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s