No me gusta hablar de… (I)

…políticos. Me aburre soberanamente. Cuando inicié este blog todavía esquivaba esos reparos y planteaba alguna reflexión suelta sobre la actualidad política estatal o autonómica, ya sea en mi tierra original o en esta que me tiene adoptado. Puede que de aquella todavía me quedarán ánimos, al circunscribirse mi actividad profesional en ámbitos culturales. Ahora, que me paso el día rodeado de diputados, concejales, alcaldes, consejeros, parlamentarios, me niego a dedicarles un segundo más de mi existencia. Porque probablemente tendría que generalizar, y al conocer a muchos de ellos me parecería injusto no hacer excepciones. También porque no merecerían compasión como clase, cuando algunos individuos particulares no se han ganado esos reproches. Y luego porque no quiero dar sesgo ideológico a este espacio, aunque alguna vez goteen reflexiones de notable orientación política. Tampoco se puede evitar, señora, ya me lo disculpa.

Aunque quizás la razón básica sea que vivimos en una sociedad abrumada por el tertulianismo y el debate diario de la vida política. Ya gastamos suficiente saliva en la calle o en el bar, en los pasillos de la oficina o en el ascensor subiendo a casa. Pero de puertas para adentro, en la república independiente de mi piso, paso palabra.

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