Valencia

Escapar, como si se huyera de algo. O de alguien. O de ambas cosas. También podríamos llamarlo viaje. Pero cuando se puso de moda el término “escapada” creo que se hizo para poder darle una segunda acepción, un golpe de retranca propia de esta tierra de hórreos y neblinas (incluso en junio). Hemos estado un par de días por Valencia, al calor del sol mediterráneo que ajusticiaba lo suyo, y visitando una gran ciudad. Lo es, por saber mantener su pasado y apostar por su futuro, que sin duda debe andar bajo las acristaladas fachadas de la impresionante Ciudad de las Artes y las Ciencias. En el Palau, disfrutamos de una inolvidable “Tosca”, de la mano de ese tenor que ya no es promesa sino realidad y que responde al nombre de Jorge de León. Y de esa no menos espectacular orquesta, que de la mano de Zubin Mehta diseccionó la partitura de Puccini con maestría. Por un momento, la escapada cayó en saco roto. ¿Para qué vuelo mil kilómetros si voy a acabar en las mismas redes musicales que me llevaron a mi dulce condena entre volutas de humo? Quizás para convencerme de que el humo igual que viene, se va.

O vuelve a venir.

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