Me enfado

Conmigo mismo, señora. Me reprocho noches excesivamente largas, con demasiado riego y poco sueño. Con un notable abuso de la literatura móvil y del coloquio imprudente. De desmesuradas añoranzas y abultados desayunos. Por encomendarme concienzudamente al demonio que llevo dentro, sobre todo cuando de día le rezo a mi lado angelical. Tanta hipocresía sólo conduce al purgatorio. Y por ello me enfado. Mucho, además.

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