Esperas

¿Cuánto es capaz de esperar usted, señora? A ver, va al médico del ambulatorio, le dan su número y se sienta allí con viejos y viejas que van a que le receten las pastillas de la tensión. ¿Una hora? ¿dos horas? Me figuro cómo sale del centro de salud bufando y resoplando por una mañana perdida en la sanidad pública, y todo para una atención de diez minutos. La comprendo, todos hemos pasado por ahí. ¡Y ni siquiera sale satisfecha! Pues imagínese que en vez de esperar unas horas, o siquiera unos días, hay que aguardar años hasta que un autor decide que su obra está terminada y que puede editarla para disfrute de sus lectores.

Casi cinco años llevamos esperando a que George R. R. Martin diese por concluso el quinto volumen de su “Canción de hielo y fuego”, y finalmente en julio verá la luz. “A dance with dragons”, tendrá por título, y que casi coincidirá con la emisión de la miniserie de la primera de las novelas, “Juego de Tronos”. Ha sido una de las experiencias literarias más intensas y adictivas de mi relativamente corta vida de lector (apenas llevo veinte años pasando páginas), que me han hecho replantearme los principios de la novela épica y situar a este autor americano a la misma altura (y por momentos superando) al maestro Tolkien. Martin no es poesía etérea sino prosa de ida y vuelta, cruda, despiadada con el lector y sus personajes. Un auténtico placer y una espera que ha merecido mucho la pena. Porque algo me dice que no me defraudará. Más le vale…

Con menor expectación también aguardo por “The wise man’s path”, continuación de “El nombre del viento”, de Pat Rothfuss. La primera parte me dejó un notable buen sabor de boca, pero faltaba algo de chispa para que prendiese la llama de mi adicción. Aun así, vamos a concederle ese beneficio de la duda, a la espera de que en la segunda de las tres novelas prometidas por el escritor resida la llave para ganarse mi interés total.

Es una suerte poder decir que quedan cosas que nos enganchan. Ya nada se concibe para mantener nuestro interés en vilo. Todo debe ser “fast food”, consumir y tirar para pasar al siguiente producto. Además, el mundo que nos rodea devora lo diferente y lo pasa por la turmix de la homogeneización. La masa lo engulle mejor. Papilla suave para un público glotón pero sin criterio. Menos mal que nos quedan los libros. Y la ópera…

…y el humo de la noche.

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